DestacadosOpinionEntre líneas y grietas / Sobre el apocalipsis y otras crisis del siglo XXI

Ronny Aguilar12/04/2020

 

Columna por: Astrid Dzul Hori

 

 

Sobre el apocalipsis y otras crisis del siglo XXI

Uno de los legados más significativos del siglo XX son las vastas producciones literarias y cinematográficas, específicamente del género de ciencia ficción. Los temas más recurrentes en dichas producciones son viajes en el tiempo, sociedades post-apocalípticas, el dominio de la humanidad a través de la tecnología, encuentros cercanos del tercer tipo, peleas en el espacio, viajes espaciales, etc.

De dichas formas de presentar futuros posibles surge la noción de distopía: una sociedad futura indeseable por sí misma. Las distopías más famosas y emblemáticas del siglo pasado, presentadas a través de la literatura, son: 1984 de George Orwell, Brave New World de Aldous Huxley, Farenheit 451 de Ray Bradbury, Do Androids Dream of Electric Sheep? de Philip K. Dick, War of the Worlds de H. G. Wells, I, Robot de Isaac Asimov, Solaris de Stanislav Lem, Neuromancer de William Gibson, etc.

Estas y muchas otras más han servido de inspiración para novelas, videojuegos, múltiples producciones cinematográficas del mismo nombre y otras tantas que entremezclan premisas de los diferentes libros para elaborar tramas más complejas. Ahora, ¿por qué reflexionar la importancia de estas producciones culturales actualmente? ¿Qué pueden enseñarnos este tipo de problemáticas planteadas en la literatura y en la cinematografía? ¿Cómo repercuten en nuestras creencias? ¿Pueden ayudarnos a entender el impacto que tiene en nosotras y nosotros el COVID-19?

A diferencia de otros momentos históricos, la importancia de estas producciones culturales radica en su difusión masiva, ya que, en la medida en que haya un mayor grado de exposición a ellas, aumenta notablemente su grado de influencia en nuestras creencias sobre cómo concebimos el futuro a partir de los elementos que conforman nuestro presente.

Dependiendo del medio en el que se presentan y el discurso con el que se venden dichos productos es la inmediatez de su consumo: usualmente consumimos sin reflexionar, sin criticar, sólo para pasar el rato. No obstante, lo que antes parecía una historia de ciencia ficción palomera, una distopía, un futuro indeseable para pasar la tarde, abre un panorama de posibilidades futuras que no parecían probables, hasta ahora. Es decir, la ciencia ficción dejó de ser únicamente un género literario y cinematográfico para convertirse en una categoría que nos aproxima al conocimiento.

En este sentido, el cine, la literatura y los videojuegos de ciencia ficción nos proveen de una estructura mental (significados y significantes, conceptos y categorías, juegos de lenguaje específicos) a partir de la cual entendemos e interpretamos el mundo, por lo que nuestras creencias están directamente influenciadas por cómo se nos modelan futuros posibles a través de dichas narrativas. Algo podemos aprender de estas perspectivas, por muy fantasiosas, absurdas o exageradas que parezcan.

Una de las motivaciones de quienes escriben ciencia ficción es la incertidumbre del presente tecnológico del ser humano, ya que marca las pautas para su futuro. Particularmente, dicha incertidumbre causa horror por los posibles efectos de las acciones y omisiones de los seres humanos a través de la tecnología desarrollada.

Es muy común que en la ciencia ficción el desarrollo tecnológico encuentra su punto más álgido en el apocalipsis, el fin de los tiempos como los conocemos; por ejemplo, como lo muestran películas como Terminator, Mad Max, Matrix, Guerra de Mundos, Ender´s Game, Blade Runner, The Titan, I am Mother, etc.

La sensación de horror por el apocalipsis, causado por los humanos a través de la tecnología, ha conducido a visiones fatalistas y pesimistas del futuro próximo; repercute notablemente en el manejo de nuestros afectos y representaciones en torno a problemas en donde se perciba cualquier atisbo del apocalipsis, como lo es la pandemia del COVID-19.

La paranoia y la histeria colectiva, consecuencia de cómo los seres humanos hemos asimilado el COVID-19, no son ajenas al horror de la incertidumbre tecnológica y científica.

Sin embargo, a diferencia de los tiempos de la peste negra o la muerte negra, pandemia que arrasó Eurasia (actualmente Europa y Asia) en el siglo IV, las sociedades contemporáneas cuentan con ciertas disposiciones tecnológicas y científicas para imaginar, planificar y crear medidas y estrategias para la crisis global que enfrentamos con el virus de Wuhan.

Aun a sabiendas de estas disposiciones tecnológicas y científicas, ¿por qué continúa la propagación de la paranoia y la histeria colectiva? ¿Con qué tipo de limitaciones nos estamos enfrentando? ¿A qué vamos a renunciar, a qué formas de sociabilidad y de civilización? ¿Acabaremos como en Mad Max peleando por suministros, como el agua y la gasolina? ¿Quemaremos todos los libros porque preferiremos ser felices en la ignorancia que confrontarnos a través de la lectura? ¿Relegaremos nuestras habilidades y aptitudes a máquinas que lo hagan todo por nosotr@s? ¿Seremos devastados por un apocalipsis zombie como en Resident Evil?

Aunque estas preguntas puedan sonar graciosas, resultan un buen ejercicio de reflexión para concientizarnos sobre qué tipo de sociedades queremos construir tras el confinamiento social, qué tipo de colectividades vamos a procurar y qué podemos hacer con nuestros respectivos privilegios.

En vez de condenar la tecnología, de sumirnos en discursos apocalípticos en los que dejamos el futuro de la humanidad en manos de un agente externo cualquiera o buscamos a qué o quién echarle la culpa del final de los tiempos, la invitación es reinventar la humanidad a partir de la tecnología.

Y la ciencia ficción en sus diferentes subgéneros (biopunk, cyberpunk, opera espacial, etc.) nos procura escenarios, a modo de experimentos mentales, con los que podemos discernir nuestros alcances y límites a partir de la tecnología. De igual manera, nos incita a repensar las categorías con las que afirmamos y reivindicamos el presente, el pasado y el futuro.

En esta cuarentena, conduzcamos la crisis a la búsqueda de nuevos sentidos de lo humano, de lo colectivo, de lo económico, de lo afectivo, de lo político, de lo tecnológico. No reivindiquemos nuestra razón desde la comodidad, porque, entonces, es justificada la idea de que la tecnología es nuestra perdición, dado que se convierte en un fin en sí mismo a través del cual resolvemos todas nuestras necesidades (desde las más básicas hasta las más complejas).

La tecnología no es un fin en sí mismo, sino un medio para un fin, y, como tal, no hay que dejar de reflexionar y criticar sus posibilidades. La ciencia ficción puede ser una herramienta, a modo de lupa, con la que pensemos qué afectos y representaciones nos provocan los saberes y la confianza (o desconfianza) por la tecnología y por la ciencia.

Hoy más que nunca, tenemos la información, el conocimiento y los medios para repensar quiénes somos y hacia dónde queremos ir. 

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