DestacadosOpinionEntre líneas y grietas /Frankenstein o las nuevas formas de resurrección virtual

Ronny Aguilar04/03/2020

 

Columna por: Astrid Dzul Hori

 

Frankenstein o las nuevas formas de resurrección virtual

A mediados de febrero, comenzó a circular la noticia de que en Corea del Sur fue recreada virtualmente una niña, fallecida tres años atrás, para que su madre pudiese abrazarla de nuevo. Para digitalizarla, los creadores se basaron en videos y fotos, así como en observaciones hechas por la madre para delimitar sus gestos, comportamientos y tono de voz, con la finalidad de que la experiencia fuese lo más parecida a la realidad.

(Link del Video)

En sus comienzos, la realidad virtual se limitaba a los videojuegos y al cine. Su intención era amplificar la experiencia sensorial del/la participante y, por ende, su entendimiento, creando la posibilidad de estar dentro de la historia, no como espectador/a sino como realizador/a de las acciones hipotéticas requeridas, de ser el caso. De esa manera, el/la participante se integraba activamente en el desarrollo de los eventos.

Si bien la realidad virtual tenía la intención de ser una herramienta de entretenimiento, con el caso de la “resurrección virtual” se amplía el abanico de cuestiones en torno al uso y las consecuencias de dicho producto tecnológico. Más que sólo cuestionarnos si es ético o no, me parece pertinente preguntarnos cómo repercute el uso de la realidad virtual en el modo en que nos aproximamos al mundo y a nosotr@s mism@s: ¿Hay tal cosa como un reencuentro con las “personas que ya no están”? ¿Cómo afecta esto en la asimilación de la muerte como parte del proceso natural del ser humano? ¿La realidad virtual es una forma de vivir voluntariamente en la matrix o es una forma de liberarse de las ataduras del tiempo y de los estragos del olvido?

Esta forma de “resurrección virtual” no es muy distinta al monstruo de Frankenstein, personaje literario creado por Mary Shelley. La diferencia radica en cómo se materializa ese deseo: mientras que el Dr. Frankenstein le da vida a su creación utilizando diferentes partes de cadáveres humanos, en el caso de la “resurrección virtual”, la hija es “materializada” a través de los recuerdos de su madre. En este sentido, la madre no se reencuentra con su hija, sino que crea una identidad que contiene sus fantasías y recuerdos de un pasado al que no tiene acceso, más que por la memoria: crea su propio Frankenstein. 

El uso de la realidad virtual para crear nuestro Frankenstein está ligado al deseo de no sentir dolor, de no sufrir, de aminorar la melancolía y la nostalgia de una pérdida. Dicha creación forma parte de un mundo alterno, ya que “materializa” la falta, aquello por lo que nos sentimos incomplet@s. Sin embargo, ¿dónde radica la posibilidad de ser responsables del mundo que construimos? Porque moverse a otro mundo implica retirar nuestra atención al primero. El mundo que se crea a través de la realidad virtual, ¿me ayudará a un mejor manejo de mis afectos o sólo me enajena de ellos, me enajena de mí mism@? Considero que mas allá de satisfacer una falta, la realidad virtual enfocada en este tipo de acciones, como la “resurrección virtual”, debe procurar un crecimiento personal y social, un acercamiento a sí mism@ para repensarse desde otras posibilidades. Si bien, es una situación dolorosa perder a un ser querido, las personas que nos rodean también requieren de una determinada atención; están más presentes que el cúmulo de recuerdos introyectados con los que la madre se “reencontró” y que denominó “hija”. 

El sentimiento de insatisfacción que provoca la muerte, así como el deseo del ser humano por poseer el conocimiento de todas las causas y sus consecuencias, puede direccionar la producción tecnológica a situaciones como las planteadas en Matrix, Inception o el capítulo de Black Mirror, St. Junipero. En estas producciones cinematográficas, se crean realidades que se desarrollan en el cerebro, anexando elementos a un ambiente mental controlado, ya que la realidad no virtual de l@s personajes es demasiado desgarradora para ell@s, de tal modo que en la virtual pueden cumplir sus deseos y sentirse libres.

Por último, ante la inevitabilidad del desarrollo de los avances tecnológicos, nos queda pensar ¿vivir en nuestras cabezas nos hace más libres? ¿O somos libres al pensarnos más allá de las propias barreras de la tecnología? 

 

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