Por Braulio Peralta SemMéxico Siempre supe lo que quise. Para equivocarme prefiero sola, a un mal consejo. ¡Y claro que soy hermosa, faltaba más! Pero sin talento, de acá, de la sesera, no hay quien pueda triunfar. Porque el corazón no sirve para pensar. Por eso les digo a esas niñas que empiezan a despertar: mejor vivillas que tontillas. Escojan ustedes, no dejen que las utilicen. Aprendan de mí, que no viví en balde. No soy nada de lo que dicen de mí. Soy, acaso, un invento de mí misma. Las mujeres podemos y debemos ser mejores o al menos tener la misma igualdad que con los hombres. Y cuidar el atuendo. Ni mona vestida de seda, ni trapitos de cocinera. Hay que aprender a vestirse. Ser la mejor en la conversación. Levantar murmullos a tu paso. Un egoísmo arraigado para no ceder a los caprichos de los demás. No aceptar papeles de huehuenche: por eso nunca filmé en Hollywood. Europa era para mí. Hay que saber llevar las joyas con elegancia. Tenía yo una rastra de monedas mexicanas dispuestas en forma de cinturón: Eran Centenarios, no cualquier bisutería. Mi serpiente de brillantes diseñada por Cartier y mis saurios de oro son de colección. Dior nació para mí. Las joyas te hacen víctima de la envidia pero, en el fondo, quieren ser como una. Hay que ser la estrella del asombro que todos quieren poseer. Como me escribió Novo en un poema: “esta mujer que a troche y moche brilla de día y de noche”. Mi leyenda es una tentación para escritores. Pero hasta ahora nadie ha podido con mis propias palabras. Aunque, sí: Octavio Paz lo escribió mejor que nadie: “El mito de María Félix es distinto. En primer lugar, es moderno; enseguida, no es enteramente imaginario, como casi todos los del pasado, sino que es la proyección de una mujer real. Nació ante nuestros ojos y nació como un relámpago que desgarra las sombras. Fue y es un desafió ante muchas convenciones y prejuicios tradicionales. No es extraño que haya provocado irritaciones, despecho, calumnias. La envidia es una forma invertida de la admiración. María Félix es una mujer muy mujer que ha tenido la osadía de no ajustarse a la idea que se han hecho los machos de la mujer. Es libre como el viento, dispersa o congrega a las nubes, las parte o las ilumina como una centella, con una mirada…” Las cosas no son como creen. Las cosas son como las contamos las estrellas. Yo no cumplo 101 años de existencia: Empiezo a nacer de nueva cuenta. Soy 101 Divas. Y si es como lo digo entonces estoy en el año uno de mi resurgimiento, justo como el Ave Fénix. El que lo dude es porque no sabe ni de divismo ni conoce a mis fans, que se suman. No hay nada que festejar más que esperar el tiempo para saber que mi existencia valió la pena: Que las mujeres finalmente se emanciparon del machismo, que dejaron de ser mujercitas de hogar. Que no son dejadas, que aprendieron a ser más cabronas y menos pendejas. Que las admiran porque están en igualdad de circunstancias y no siempre esperando a que el macho en turno les ponga una casita. Pobre feminismo el de hoy. Nací para ser libre y hacer lo que me diera la gana. Peleé con mis hermanos por eso. Filmé las películas por eso. Aunque no le guste a ésos—y ésas—, que se dicen liberales y son más conservadores que mi madre, quien dijo: “No te dejes de tus hermanos, dales de cachetadas hasta que sepan que tienen que respetarte”. Así me hice. Termino: No soy María Félix: soy la loca que inventó a María Félix. Y ya basta. Déjenme en paz: me voy a descansar otros cien años.
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