Por Abraham Castelán Salazar/@elpostigoficial De cuando en cuando, alguna película pone a prueba tu tolerancia, que se ve colapsada ante el peso de la confusión y el aburrimiento más espectacular, esos son los momentos en que la persona humana dice basta, te levantas de la butaca y sales corriendo en busca de las maravillas de la cotidianidad, pues la vida es demasiado corta para sacrificar el tiempo y el dinero ante esa clase de pretensiones. Esto es lo que sucede durante la proyección de Júpiter Ascending. Posiblemente, el mundo no está preparado para la última película de l@s herman@s Wachowski la cual, como era de esperarse, se estrenó en todos lados, menos en Campeche. Júpiter Ascending tuvo problemas de entendimiento desde el principio, sus primeros avances dejaban al espectador un tanto desorientado, y cuando se supo que su fecha de estreno sería cambiada del verano pasado al segundo mes de 2015, por problemas con la postproducción, ya se olfateaba que algo andaba mal. Mátrix representó un parteaguas para la ciencia ficción de inicios de siglo, provocando además, ondas de choque que han influido en los efectos visuales a tres lustros de su aparición, desde ese momento, l@s Wachowski han fungido como una referencia cinematográfica que ha sido capaz hasta de recrear la psicodelia anime con tremenda brillantez conceptual (Speed Racer) e incluso, han resultado magistrales al momento de retomar la narrativa filosófica en esa oda a la reencarnación que significó Cloud Atlas. Pero ninguna de estas películas nos había dado rastro de la basura artesanal que son capaces de diseñar, cuando de reflejar lo peor de su imaginería se trata. Júpiter Jones (Mila Kunis) es una cenicienta posmoderna, y cósmica, quien limpia retretes y cuida niñas ricas para vivir, pero con la ayuda de Caine Wise (Channing Tatum), un licántropo genéticamente modificado y aficionado al skating gravitatorio, descubre que es la reencarnación de la reina del universo y legítima propietaria del planeta tierra. Hasta aquí la premisa resulta divertida, y en manos de l@s Wachowski, prometedora, pero al parecer, su latente snobismo se desborda en la mezcla de tantos subdiscursos, que van desde la crítica sesgada al capitalismo en su interpretación monárquico-interestelar, hasta las teorías de experimentación genética que explican el origen de la humanidad, pasando por las dinámicas sociales, políticas, militares, jurídicas y hasta burocráticas de un sistema, en el cual no se profundiza y tan solo se toma de pretexto para hacer de este filme un producto comercial fatuo y arrogante, que desea desesperadamente coquetear con los gustos prefabricados del espectador promedio, al mismo tiempo que insulta al cinéfilo conocedor, en un exasperante intento de congratularse con los dos. Ante una estructura narrativa debilitada por su propio sobrepeso argumental, Júpiter Ascending recurre al explosivo melodrama visual para apuntalarse e irónicamente es ahí donde radica su vulgar belleza. Digno ejemplo de la fantasía cósmica que perdió en l@s Wachowski un punto de referencia para explorar el infinito.
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