CulturaLa sonoridad de las balas

admin20/12/2014

20tea (Reseña de la puesta en escena Música de balas de Hugo Salcedo) El estallido de una bala puede resonar en una sala, retumba en las paredes y deja residuos sonoros en todas las esquinas. Es lo que sucede con Música de balas, tiene cientos de sonidos, voces que quieren ser oídas, llegar al espectador y ocasionar en él, algo más que asco por lo que sucede a su alrededor. Hugo Salcedo, dramaturgo jalisciense, genera una obra de un solo acto, con 10 escenas, las cuales son reflejos de vida, de realidad, sobriedad que embarga a la nación contra el narcotráfico y la manera en que el gobierno no es el bueno ante los narcotraficantes, sino son dos bestias que siguen jalando cada quien para su lado, sin pensar en los demás. Un conteo de muertos, mientras una vendedora de champú y una meteoróloga distraen al espectador, unos fantasmas hablando de cómo es ser un descabezado, dos ingenuos tratando de llegar a su puesto de grandes narcos, chicas hablando del feminicidio mientras se descomponen en ácido y colgados que platican su vida o lo que ellos recuerdan… de eso se formaron los balazos, cada uno llegó al público, dejándolo desarmado, perdido. La obra se presentó el cinco de diciembre en la ciudad de Xalapa, adaptada por la integrante de la Organización Teatral de la Universidad Veracruzana (Orteuv), Rosalinda Ulloa, y la profesora-investigadora, Nidia Vincent, montando cinco escenas, con las cuales se nota el lirismo que tiene Hugo Salcedo al hablar sobre la violencia en el país. Los actores fueron estudiantes de la Facultad de Letras de la Universidad Veracruzana quienes vieron esa forma de solidarizarse con los familiares de los jóvenes desaparecidos en Ayotzinapa. El público fue recibido con un corrido, El crimen de Culiacán, de Chalino Sánchez, oscuro, hasta la presencia de una oficinista que contabiliza los muertos, los asesinados, los descuartizados, los heridos y desparecidos, todos los que han caído en la “guerra” contra el narco que inició el ex presidente panista, Felipe Calderón Hinojosa. Sigue contabilizando y dos chicas entran, el corrido ha cesado, ellas representan la televisión, que pretende callarlo todo, una meteoróloga y una vendedora de productos. Así es como estalla la música de balas, que en cada escena deja algo de sí al espectador. En 45 minutos, la realidad se refleja en el escenario, los cuales concluyen con un “Lo mataron, lo mataron”, hasta llegar a un “Los mataron, los mataron”, cántico que refleja la preocupación no solo actoral o artística, sino de las personas por la cruda situación que sigue viviendo el país desde la desfachatez de Fecal. 20tea1

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