DestacadosLocalEntre líneas y grietas / Más allá de las alas del ángel

Ronny Aguilar11/02/2020

 

Columna Por: Astrid Dzul Hori

Fotografía Aérea: Edrey Medina

 

Más allá de las alas del ángel

Hace menos de un año, el ex gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas, inauguró la Columna Conmemorativa del V Centenario del Encuentro de Dos Culturas (también conocida como “Ángel Maya” o “Papá Luchón”), cuya elaboración estuvo a cargo del escultor Jorge Marín. Este monumento pretende ser la representación de una metáfora del futuro, de progreso, de crecimiento y de transformación para Campeche y los campechanos; sin embargo, en tanto que ciudadanas y ciudadanos receptores de las promesas contenidas en dicha metáfora es importante cuestionarnos: ¿qué puede decirnos este monumento más allá de su discurso oficial? ¿Cuál es la importancia de pensar los monumentos que erige un gobierno determinado?

Empezando por la última pregunta: es importante no pasar por alto los monumentos que erigen determinadas administraciones, ya que representan materialmente un discurso (y por discurso no sólo me refiero a palabras, sino también a acciones e imaginarios). Los monumentos juegan con las representaciones y los afectos de la historia local, es decir, establecen ciertos criterios para determinar quiénes forman parte de la metáfora que sostienen y quiénes no, así como los valores que deben prevalecer para construir una identidad homogénea, diferente de otras. En este sentido, los monumentos cristalizan una forma de ver e interpretar el mundo a partir de: 1) reconocer ciertos elementos fundamentales para tejer una identidad, 2) de fomentar afectos que remuevan a la audiencia y 3) de inscribirse a una narrativa que planifica un futuro específico en función de un pasado y un presente determinados. Por eso, es importante tener una mirada crítica de estos monumentos: lo que dicen que son, lo que me comunican sus elementos, y quiénes están incluidos y quiénes no. 

Ahora, ¿qué nos dice el “Ángel Maya” más allá de su discurso oficial? El monumento representa el encuentro entre dos culturas con un hombre mestizo-maya con alas, señalando al norte mientras sostiene en brazos a un niño. Esta materialización de la metáfora del futuro es problemática porque también opera una metáfora de familia, específicamente de tinte paternalista. El padre que sostiene al hijo en brazos y le señala el camino es este padre estricto que piensa que el mundo es peligroso y que el hijo, por su propia cuenta, no tiene la madurez suficiente para enfrentar los problemas que se le presenten; es un padre restrictivo, cuyo dominio abarca todas las esferas de la vida del hijo. Es un padre que no confía, por lo que siempre está sospechando. Es un padre alado porque hay algo de sacro en su palabra y obra, algo de salvífico, como si fuera un mesías. En este sentido, el “Ángel Maya” reivindica los valores conservadores de la sociedad campechana y el asistencialismo (forma de regulación social propia de los gobiernos que desfilan por Campeche), disfrazado de un discurso que pretende ser progresista, pero que no lo es.

¿Por qué no logra inclinarse la balanza hacia el progreso? Porque dentro del imaginario y la reivindicación histórica que representa el monumento no están las mujeres, las adolescentes ni las niñas. El niño que sostiene el padre materializa un progreso que excluye e invisibiliza a las mujeres, a las adolescentes y a las niñas del crecimiento y de las transformaciones sociales. De igual manera, cierra las posibilidades a las diferencias (personas con discapacidad, adultos mayores, comunidad LGBTQ+, comunidad trans) que también forman parte del tejido social.

Este monumento representa el liderazgo y la fuerza de un tal hombre campechano tomando las riendas de su futuro y de los suyos; representa a ese hombre que decide “crecer en grande”. Sin embargo, ¿a qué costo se crece y cuáles son los límites de esa grandeza? Parece ser que a costa de invisibilizar los roles de las mujeres, adolescentes y niñas campechanas, de invisibilizar las agresiones y las violencias que sistemáticamente son ejercidas sobre ellas, de seguir reproduciendo estereotipos fundamentados en valores conservadores donde no hay cabida para que todas tengan voz y herramientas para pensar otros futuros posibles (y no sólo el que señala el Ángel Maya). Este monumento es una continuidad del silenciamiento y de la invisibilización de las niñas, adolescentes y mujeres de la historia oficial, donde las identidades femeninas están relegadas a la sumisión intelectual y práctica.

Les invito a que no aplaudamos monumentos sin antes haberlos pensado, que en ellos puede materializarse un discurso que sea nuestra propia perdición.

 

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