CulturaA toda sangre/Chavela Vargas: el último trago

admin07/12/2015

6cha Por Braulio Peralta SemMéxico En los años 70, los últimos de aquel Teatro Blanquita en que Margo Su hizo historia con la cultura del espectáculo, una noche cantaba Chavela Vargas. Estaba totalmente ebria y perdida. El público le aplaudía con tristeza y congoja. Se le olvidaban las canciones. No era aquella briosa hembra que peleaba el amor de Noelia Noel a Noé Murayama, según cuentan los periódicos de la época. Carmen Salinas salió a salvarla del escenario, casi a rastras: –Véngase mi Chave, usted y yo vamos al camerino a platicar… Fue la última vez que la vimos viva. El mundo se olvidó de ella, y ella se perdió por años. La extrañábamos. La dimos por muerta. Fue hasta el inició de los 90 que resurge Chavela Vargas en el antiguo El Hábito de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez. Había dejado de beber: “Me perdí por más de 20 años en el alcohol”, confesaría. Tenía un timbre de voz donde la experiencia cuenta para una intérprete. Los que poco saben dicen que fue Pedro Almodóvar quien la redescubrió al mundo. Pues no. El mismo México que la asumió como mexicana fue quien le brindó su renovación en la música ranchera. Sin mariachi, con apenas dos guitarras bastaba para atragantarnos de sentimientos en la tormenta que provoca su voz, rasposa, altisonante a veces, de blues. Su leyenda llegó a internacionalizarse: la Alemania de Werner Herzog, el cineasta, la inmortaliza como chamana en el filme de 1991, Grito de Piedra, antes que Almodóvar. Una noche llegó a El Hábito el editor español Manuel Arroyo y se enamoró artísticamente de Chavela Vargas, al grado de crearle una disquera, Turner Records, y producirle dos discos compactos a la cantante de origen costarricense que viajaba con pasaporte mexicano desde 1959. Esas obras, de 1994, son su testamento musical porque ahí se escucha con sus cuerdas vocales en plenitud, sin la penosa pérdida de voz de sus últimos discos que realizó, tanto con intérpretes famosos como con su homenaje a García Lorca. Los discos de Turner son su último grito de vida, un tesoro invaluable. Pedro Almodóvar la admiraba tanto que en 1991– en Tacones Lejanos–,  le pide a Luz Casal que interprete “Piensa en mí” al más puro estilo de Chavela Vargas. Es el exitazo de Luz Casal en España y América Latina. No tuvo otro. Cuando Almodóvar se entera que la Vargas vive la lleva a su siguiente película, Kika, de 1993, con la pieza “Luz de luna” . Como el propio cineasta escribió: “Me hubiera gustado conocer a Billie Holiday, Edith Piaf, la Niña de los Peines, Bola de Nieve, La Lupe…Pero he conocido a Chavela Vargas, que es como la suma de todos ellos. Conocerla y volver a escucharla ha sido una de las experiencias más importantes de mi vida”. La vimos en Bellas Artes muy después de que el mundo la recuperó viva y activa, a donde acudimos sus admiradores para rendirnos a la leyenda. Hay a quienes no les gusta su hombría lésbica y la detestan y la denostan. Un periodismo que piensa que la literatura es lo máximo y la canción ranchera es apenas una aproximación al culto popular. Por eso las intérpretes, las buenas, son más inmortales que un libro de moda. Chavela Vargas ya es una leyenda y se construye su mito. No es gratuito que su “Llorona” sea parte de la película Frida, dirigida por Julie Teymor. O que se escriban libros sobre ella. Falta y esperamos la novela en torno a una vida, como de un filme donde lo obscuro brilla cuando el talento emerge.

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