Llama a dejar atrás el egoísmo, a unirse, organizarse y trabajar por una cultura de la vida Por Sonia García García, corresponsal SemMéxico BARCELONA, Esp. 20 de mayo del 2016.- Nestora Salgado nació en Olinalá, una pequeña comunidad de Guerrero. Tenía 20 años cuando cruzó, como muchos mexicanos, la frontera con Estados Unidos en busca de un futuro mejor. Trabajó muchos años y en el 2011 volvió a su tierra. Se dio cuenta que su pueblo ya no era el mismo. Ahora estaba en manos de la delincuencia, al crimen organizado, al narcotráfico. Decidió organizar a su comunidad y fue nombrada coordinaba de la Coordinadora Regional de Autoridades Comunitarias- Policía Comunitaria (CRAC-PC). Está de gira por varios países europeos como parte de la campaña internacional “Ponle rostro y nombre a las y los presos políticos de México”. Sin estridencias, pero con emoción, cuenta cómo se convirtió en “La Comandanta” y en una presa política. El 21 de agosto de 2013 fue detenida acusada de secuestro. El pasado 18 de marzo fue liberada, pero el Fiscal General del Estado de Guerrero, apeló a los autos de libertad otorgados, por lo que persiste un proceso penal en su contra. Durante su estancia en Barcelona, habla de la justicia, de la fabricación de culpables, de cómo coordinar el derecho propio de las comunidades indígenas con el Estado, de la reivindicación intercultural, de comenzar a escuchar la voz de las víctimas. Nestora Salgado señala que aquí, en Barcelona, se siente como en casa. Y que en cambio, los pueblos indígenas se sienten abandonados. “Es muy difícil organizarnos entre los indígenas y los mestizos”. Habla de la gran discriminación al interior del país, de que sigue sin haber justicia para el indígena y de los abusos del gobierno. “Al campesino lo dejan de lado. Atienden primero al güerito. Los indígenas campesinos no reciben becas, no tienen acceso a la escuela y a la salud”. Agrega como si no fuera cierto: “Nosotros somos también seres humanos”. Ante la falta de confianza, añade, decidieron crear su propio sistema de justicia, basado en las leyes antiguas y costumbres de los pueblos indígenas y formar “nuestra policía comunitaria”, en la que participa el pueblo: el representante del comisario ejidal, el sacerdote, y se va acomodando a las posibilidades de cada lugar. “Apostamos mucho al diálogo, porque tratamos de arreglar los problemas”. Explica que ella no tiene un grado de estudios, pero ha vivido en EEUU, ha ido aprendiendo y le gusta apoyar a los necesitados. “Somos afortunados los que podemos salir y ver otras cosas”. Y la gente del pueblo es muy agradecida, te paga con lo que tiene, “con un pollo, con unos elotes”. La organización no sólo es para cuestiones de seguridad, sino para atender los problemas sociales. Por ejemplo, explica que hay mujeres que no saben que están neuróticas, que no pueden cuidar de la familia. Por lo que piensa que es necesario concienciar al pueblo. “Reúno a más de 700 personas que vienen por la reeducación y nos convertimos en una amenaza. Nos comienzan a estigmatizar”. “Nos empezamos a dar cuenta de cosas feas. Vemos cómo la gente que trabaja en el sistema está corrompida. Nos damos cuenta que tenemos mucho miedo. Incluso los hombres que van con sombrero y botas agachan la cabeza aunque le falten el respeto a su mujer”, agrega. Denuncia también violaciones a niños, vídeos pornográficos, mucha violencia y locura y “se nos van quedando los secretos y se nos va quedando el dolor”. No obstante, asegura que ella apuesta por el diálogo y que días antes de que la detuvieran se entrevistó directamente con el gobernador del Estado para denunciar cara a cara los problemas. Pero en lugar de buscar soluciones llegó la represión en su contra y la acusaron de secuestrar a unas niñas, que llevaban al proceso de reeducación con autorización de sus madres. A través de estos años, explica, “los que nos hemos dado cuenta es cómo las autoridades, el Ejército y la Marina, están vinculados con los grupos criminales”. “Confiamos en el sistema, pero nos castigaron, no castigaron a Nestora Salgado, sino a Olinalá. Nestora se pregunta: Quién es la víctima, criminalizan a las víctimas. Y la Comisión de Derechos Humanos no hizo una investigación de verdad, yo he demostrado que mienten. Nos encarcelaron y estuvimos nueve meses sin abogado. Confinados, aislados. Puse en peligro mi vida y la de mi familia. Si no hubieran estado los periódicos, los videos no hubiera podido salir libre. Ahora me quieren callar, pero lo que quieren es callar al pueblo. Nestora hila una tras otra sus palabras, denuncia, sin gritos. Cuenta su historia y a veces parece derrumbarse de dolor, pero continúa denunciando que el Plan Mérida, un tratado internacional de seguridad establecido por los Estados Unidos en acuerdo con México y los países de Centroamérica para combatir el narcotráfico y el crimen organizado, “sólo ha servido para matarnos entre nosotros, los mexicanos”. La gira informativa en Europa es en exigencia del cese de criminalización en su contra, el cese de agresiones y amenazas contra integrantes de su familia, como su hija, así como la libertad inmediata e incondicional de los presos políticos de la CRAC-PC. Pero sobre todo, esta gira tiene el propósito de pedir a los mexicanos unidad. “Todos tenemos miedo. Yo temo por mi familia. Pero vale la pena cualquier riesgo. Esta lucha me ha dado un rostro digno, tengo dignidad, soy una presa política, no soy una criminal. No me debo a ningún partido”. Para finalizar agrega que la sociedad no se ha dado cuenta del poder que tiene, por lo que llama a dejar atrás el egoísmo, a sumar las diferentes luchas y actuar a favor de la vida, a ya no seguir en esa cultura de la muerte.
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