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admin05/05/2016

5mil1 Por Arturo Moo Cahuich Tiempos de preocupación se vive en Los Pinos ante el “mal humor” social que existe en contra de Enrique Peña Nieto y su “gobierno”. En decisión desesperada y ante la falta de aliados con respaldos sólidos, Peña se refugia en los brazos del Ejército Mexicano y por consecuencia, lleva al país a inminente y repudiable militarismo. Todo el avance histórico de la sociedad civil logrado en el México postrevolucionario se desbarranca por la ineptitud y corrupción del presidente Peña. Priista que, emergido de un grupo político del Estado de México, confundió la historia del siglo pasado con la actualidad del tercer milenio, donde la sociedad es mucho más informada y crítica, que en el pasado, cuando los medios informativos estaban sometidos al poder. El pésimo gobierno peñista, aplaudido sólo por priistas y su aliado verde, ha derivado en el rechazo popular de la sociedad, ahora calificado como “mal humor”, término equivocado, porque el rechazo tiene otra connotación. No es para menos, al inicio de la administración peñista o peñaca, los bombos y platillos, música, fuegos de artificio, utilizados en la firma del Pacto por México y sus derivados tardaron menos que un suspiro de enamorado. Retumban las carcajadas, cuando en uno de tantos mensajes peñistas, el video captó el nuevo vocablo Mexiconas, en lugar de mexicanos. La realidad nacional derruyó los pies de barro de esos líderes firmantes de un acuerdo concebido para seguir dañando el patrimonio de los mexicanos, empobreciendo al país y a los compatriotas para dejarlos en un real pauperismo o miseria, sobada con palmadas y despensas mensuales del gobierno federal. Son tantos los errores de Peña Nieto y tantas sus complicidades, sean con los otros poderes, Legislativo, Judicial, y hombres de negocios, que no pudieron permanecer en el limbo y todo desembocó en la ira nacional en contra de Peña, el abanderado y generalazo de los yerros, superó a Calderón Hinojosa y su vestimenta verde olivo. De yerro en yerro presidencial, al Ejército Mexicano le tocó parte. A tal grado, que existe constancia en las redes, donde se requieren más de 30 vehículos, blindados casi en la totalidad, para un simple traslado de la figura presidencial. Armados hasta los dientes, dicen. Ese es el tamaño del miedo del repudiado social. El craso error de Peña Nieto es querer blindar las armas nacionales, es decir, convertir al Ejército Mexicano en un ente todopoderoso del gobierno o del Poder Ejecutivo, capaz de matar, violar, reprimir, violentar derechos humanos y no ser sometido a juicio, ni castigo. Vaya, ni siquiera a las disculpas del General Cienfuegos, a quien con sarcasmos, ahora le dicen 99 fuegos, porque perdió uno en las disculpas ofrecidas ante la ira nacional. En el Senado de la Republica, sólo se han escuchado pocas voces defensoras de la etapa civil que vivimos. Destaca la voz valiente de la legisladora Layda Sansores, quien en repetidas ocasiones ha pedido la comparecencia del secretario de la Defensa y siempre en la complicidad, lo protegen y niegan dicha presencia. Ni la Defensa, ni Marina, son áreas intocables. Cómo se atreven estos civiles, dirían. El Comandante Supremo se convierte en vulgar rehén de las armas nacionales, que antaño estaban cubiertas de gloria. Ahora, diría la legisladora Sansores, están cubiertas de excremento y sangre de sus compatriotas violentados. Pisados por la bota militar. Causa pavor saber que el Senado de la República en un “fast track” y de madrugada, por supuesto, con el PRI y aliados (PAN, PVEM) aprobó reformas al Código de Justicia Militar y al Código Militar de Procedimientos Penales. El senador Bartlett dijo que el poder civil quedaba sometido a las barbaridades de un sistema de justicia militar, verticalísimo y brutal, en el que el secretario de la Defensa es juez y parte. Por su parte, Layda Sansores reiteró que Peña Nieto deja un legado de pobreza, corrupción, impunidad. Fracaso tras fracaso en sus Reformas. Desmanteló el patrimonio nacional e impone un régimen policíaco militar como una herencia maldita. La etapa del país civilista cambia a un Estado policiaco militar. Muy duro para los mexicanos, porque los Derechos Humanos pueden ser pisoteados por la bota militar y las armas de fuego. Ya fueron superadas las bayonetas. Quedó en el pasado aquella figura presidencial que recorría el país en medio de la algarabía popular. Ahora, destaca Peña Nieto convertido en un presidente antipopular y cobarde que se refugió en los brazos del militarismo ante el repudio nacional. El confeti se antaño se transformó en tanquetas y armas de fuego. Peligroso, muy peligroso.

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