Posdata Por Sara Lovera SemMéxico Las jóvenes veracruzanas están en real y permanente peligro. El machismo en Veracruz es particular y asentado hace siglos. Las primeras llamadas de atención, según recuerdo, tienen 30 años cuando Patricia Duarte mostró tres fenómenos definitorios: maltrato profundo a los varones; desprecio sistemático a las mujeres y violencia contra ellas, y odio a la homosexualidad. La alerta no significó nada para el poder. Un gobierno encadenado a otro, desoyó. Además Veracruz producía un millón de votos cada sexenio, lo cual hacía reyes a los gobernadores y sus aparatos, intocados los jefes municipales, consentidos los productores de carne, tabaco, textiles. Hay en Veracruz una sórdida historia machista, expresada desde la cúpula del poder hasta los hogares, desde los poderes comunales hasta el gobierno y todos los empresarios, partidos políticos y gente ilustrada. En Veracruz se instaló una cadena de caciques, ahí se inició el contrabando de electrónicos, y los matones se fueron convirtiendo en narcotraficantes. Nadie hizo caso. Hoy el gobierno de Javier Duarte resume y recicla todas estas calamidades. No podía ser de otro modo. Es también el resultado generacional de la impunidad, el enriquecimiento ilícito, el desgobierno y la corrupción que se fue anidando en una entidad rica, esplendorosa, llena de posibilidades económicas. Ahí, donde se forman los marinos de este país, los azucareros empoderados y los cañeros con machete en mano. La investigación de 2005 de la Cámara de Diputados sobre el feminicidio dejó en claro que las mujeres eran asesinadas y se abría un expediente por “accidente carretero”, otras eran tiradas a los barrancos y otra vez eran “accidentes”, muchas más hostigadas y disminuidas, como las niñas y los niños en casa. La máxima era la letra con sangre entra. Nadie hizo caso. Veracruz el puerto de entrada de los españoles, que produjo generaciones artísticas e ilustración, de una sociedad en cierta forma y por regiones liberal, se convirtió lentamente en una de las cinco entidades más pobres de México y en una franja, conservadora como Córdoba-Orizaba. Nadie hizo caso. Ahora, y a pesar de lo analizado hace años se ha llegado al máximo. Una nueva generación de niños bien, jóvenes adinerados educados en el poder masculino y en la impunidad abusan sin temor. Nadie les hará daño, piensan, en Veracruz, donde ha habido el mayor número de revistillas, pasquines, loterías millonarias para gobernadores, indígenas sometidos y matones por doquier, gracias a la indiferencia. Ayer nos enteramos de un nuevo caso de agresión sexual perpetrado a una joven estudiante. Al delito se suma la burla, la difusión del video como si fuera un chiste, como esa doble moral que estrangula cualquier buena intención. Y hay un descrédito gigante que ya existía desde 1992, cuando hubo un primer gobernador que llegó al poder casi sin votos. Patricio Chirinos Calero, sostenido por el padre de uno de los actuales candidatos al gobierno, un delincuente involucrado en el abuso de las jóvenes de Quintana Roo, socio de aquel gobernador poblano que tejió la persecución contra la escritora Lydia Cacho, Miguel Angel Yunes, ahora panista. Nadie hizo caso. Lo del video de la estudiante, igual que ocurrió a Daphne, muestra otra vez sólo la punta del iceberg de lo que significa un estado de excepción, donde se puede violar, matar, robar, delinquir, en completa impunidad. Lo creado durante años, explica la situación tremenda, por la que ahora decenas se dan golpes de pecho, personas que consintieron sin inmutarse la situación; personajes que se han beneficiado del silencio. Sólo un temido personaje trató de poner orden, sin conseguirlo. Temido y desprestigiado, Fernando Gutiérrez Barrios, que casi acabó con un tipo de delincuencia caciquil en el dolido Veracruz. No pudo. Los años que le siguieron a su desempeño de Gobernador, en los 80 y primeros años de los 90, profundizaron y dislocaron cualquier solución. Nadie hizo caso. Ahora Duarte, como antes sus antecesores, goza de la complacencia del sistema, no teme, le vale. El periodista Luis Velázquez, resume así la situación de 2011 a la fecha: En Veracruz hay mil 200 desaparecidos, 144 menores de 19 años; el asesinato a mujeres creció inopinadamente, como antes sus cuerpos son arrojados a las barrancas; están desaparecidos tres jóvenes en Papantla, nadie informa sobre la rara y extraña muerte de tres adolescentes en Tierra Blanca; cinco jóvenes desaparecieron en Coatzacoalcos, sus cadáveres fueron tirados; el ultraje a Daphne ha producido protestas, pero la autoridad judicial “duda” ; están identificadas bandas de porkys en el puerto Jarocho, en Xalapa, en Córdoba y ahora en Boca del Río. Afirma, contra sus propios libros y documentos que ha publicado en los últimos 40 años, digo Luis Velázquez, que la violencia comenzó en 2011. Él mismo escribió sobre la explotación de niños y niñas en las zonas cafetaleras y vivió el tremendo efecto de la era de los matones rurales, uno de ellos, conocido como el Toro Gargallo, quien puso un ejemplo aterrador, fue el primero en echar muertos a sus enemigos a pozos en el centro de la entidad, arriba de Córdoba y dominaba 12 municipios. Lo acribilló la autoridad, cuando Dante Delgado era gobernador. En fin, que lo de Veracruz requiere cirugía mayor, responsabilidad del Estado y conciencia y acciones que involucren realmente al gobierno federal, a las agencias de seguridad y a los órganos de Derechos Humanos. No me conforma que se cuente a los muertos, a los desaparecidos, a los periodistas perseguidos y 19 asesinados entre 2011 y 2016, y entre ellos el mayor número de mujeres periodistas asesinadas en México, mujeres por doquier ultrajadas y también asesinadas. No me satisface que solamente se vaya a la cárcel como merece, Javier Duarte, mientras Fidel Herrera es pomposamente nuestro cónsul en Cataluña. Y Chirinos que inició con toneladas de billetes la corrupción a periodistas ni quien se acuerde de él, y así una lista enorme. Hay que ir a fondo. Me conformaría que el Congreso nacional actuara, que la suprema Corte de Justicia interviniera con un diagnóstico; que la sociedad se levantara, que aparezca la niña Vera, que con su familia luchó por los derechos humanos y que desapareciera la impunidad.
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