Marta Lamas agradeció emocionada a quienes hicieron posible el Primer Encuentro Feminista. Por Soledad Jarquín Edgar SemMéxico MERIDA, Yuc. 13 de enero del 2016.- Marta Lamas sostuvo hoy que la política produce bienes como la libertad, la ciudadanía y el derecho a decidir, por ello agradeció a las antecesoras que se reunieron hace cien años en el Primer Congreso Feminista de Yucatán y convocó a celebrar su valentía y su compromiso. Emocionada, expuso que las feministas deben participar en la política para alcanzar el sueño de justicia social que las feministas reunidas aquí hace cien años plantearon. Durante la primera jornada de trabajo y para conmemorar el Centenario del Primer Congreso Feminista, el comité organizador invitó a Marta Lamas, así como a la antropóloga Piedad Peniche Rivero y a la periodista Sara Lovera López a impartir tres conferencias magistrales durante la primera jornada de este día. Lamas, doctora en Antropología Social, catedrática universitaria e investigadora, planteó los desafíos del feminismo del siglo XXI y afirmó que las identidades de género tiene costos altísimos para las mujeres, pero especialmente para los hombres hoy “carne de cañón” de la violencia, tanto de un lado como del otro. Por ello apuntó que un desafío del feminismo es llevar a debate público el mandato de las masculinidades. Citó a diversas autoras que buscan explicar la violencia de género y subrayó que no se puede pensar la violencia hacia las mujeres fuera de las estructuras del capitalismo, afecta toda la población, economía de rapiña que favorece la falta de empatía y solidaridad de las personas e impulsa una pedagogía de la rapiña. “Cuando hablamos del proceso de violencia en que se encuentra inmerso el país, se piensa que es el vínculo entre la violencia organizada y la corrupción de gobierno, pero falta la perspectiva de género, se olvida un elemento principal, el mandato cultural de la masculinidad, los varones culturalmente muestran más disposición para la crueldad y esto ocurre porque el entrenamiento para volverse hombres los obliga a desarrollar una disposición a la pelea”. La fundadora de la revista Debate Feminista y del Instituto de Liderazgo Simone de Beauvoir planteó que otro de los desafíos de las feministas es poner el trabajo de cuidado y el asalariado, en el centro de la agenda pública, para ello sostuvo es fundamental contar con medios públicos pagados por la propia ciudadanía donde se puedan llevar estas discusiones. Expuso que es fundamental que el feminismo mexicano, en todas sus expresiones, vuelva la mirada hacia los hombres y les explique lo está sucediendo con ellos. Por otra parte, cuestionó la corriente, que empujan mujeres jóvenes, de clase media y alta, que estudian una carrera universitaria y que hablan del un postfeminismo a menospreciar al feminismo y sus reivindicaciones. Se trata de un sentimiento antifeminista, que no habla de emancipación sino de empoderamiento, como una moda, con este discurso se oculta la amplitud de la presión que vivimos muchas mujeres y hombres y se le quita importancia a la acción organizada para remediar.
Nos falta el derecho a decidir Por su parte, Piedad Peniche Rivero afirmó hoy que el Congreso Feminista realizado aquí hace exactamente cien años, permite a las mujeres gozar de todos los derechos que hoy tenemos, pero advirtió que aún nos falta concretar una de las demandas de las feministas radicales: decidir sobre nuestros cuerpos. Al participar como primera conferenciante en la conmemoración del centenario del Primer Congreso Feminista 1916-2016, la doctora en Antropología, nieta y bisnieta de las congresistas Piedad Carrillo Gil y Cándida Carrillo de Gil, hizo un recuento histórico del Yucatán al que llegó a gobernar el general constitucionalista Salvador Alvarado Rubio, quien dijo “propició el Congreso Feminista pero no lo organizó”. Peniche Rivero, investigadora, recordó los nombres de las mujeres que integraron el Comité organizador, que estuvo presidida por Consuelo Zavala y del Castilla, cuya sobrina Eloísa García Ancona de Gómez, directora de la escuela que fundara hace 110 años Zavala, estuvo presente en el Centro Cultural de Mérida Olimpo. Paso a paso, la doctora explicó cómo se organizaron las mujeres y el contexto social del Yucatán del siglo pasado, donde Alvarado Rubio llegó para imponer un orden y efectuar una serie de cambios que buscaban mejorar la condición de la población maya explotada por una voraz oligarquía de hacendados y comerciantes henequeneros. También explicó la condición jurídica de las mujeres que solteras o casadas corrían la misma suerte pues sus derechos estaban supeditados al padre o al marido, que encontraron un espacio distinto cuando el general Salvador Alvarado promulgó al menos cuatro leyes feministas: La primera, dijo Peniche Rivero, fue abrir el espacio del trabajo a las mujeres en la administración pública, la segunda fueron las reformas al código civil al permitir el divorcio absoluto, la tercera la educación normal que abrió la puerta a la educación universitaria y el decreto de la igualdad jurídica de las mujeres a los hombres o de la emancipación de las mujeres a los 21 años de edad, entre otras de las más de 700 reformas que realizó en solo 32 meses de gobierno. Sin embargo, explicó la investigadora, las leyes y el discurso de la revolución reflejaban las viejas ideas liberales y patriarcales respecto a la diferencia “natural” entre los sexos compartidas con la iglesia y la burguesía: supremacía de los hombres, matrimonio y maternidad, como funciones instintivas de las mujeres, necesidad de protegerlas, de controlar sus cuerpos y movimientos, santidad de la familia, de ahí que para no desafiar el ambiente social y cultural, “las leyes revolucionarias a favor de las mujeres eran confusas e iban a resultar poco efectivas en la práctica inmediata”. Piedad Peniche Rivero explicó que en el Primer Congreso Feminista la voz que más predominó fue la de las moderadas, cuyo grupo estaba representado por Consuelo Zavala; las conservadoras que se equivocaron de lugar y finalmente las feministas radicales, a cuya cabeza se encontraba Piedad Carrillo Gil, su abuela. Pero hubo otras mujeres que quedaron excluidas por falta de estudios primarios y la nula tolerancia ante el delito, quienes representaban el 70 por ciento de la población femenina del Estado, se trataba de las mujeres mayas, que mostraron habilidades extraordinarias a la hora de rebelarse contra la hipocresía y la doble moral sexual y, por la otra parte, las prostitutas.
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