La desconfianza debilita al gobierno, señala, en homenaje de mujeres del país a la ministra. Por Sara Lovera SemMéxico CIUDAD DE MEXICO, D.F. 20 de noviembre de 2015.- La ministra de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Olga Sánchez Cordero, planteó que si hay desconfianza, “no hay gobierno capaz de resistir el debilitamiento cotidiano y su pérdida de eficacia” y resaltó que este es un tiempo de derechos, de justicia y de hacer de la Constitución un instrumento de gobernabilidad. Al hacer un balance de sus 21 años de actuación en la Suprema Corte de Justicia, como juez constitucional, frente a un nutrido grupo de mujeres que le rindieron homenaje, afirmó que fue guiada por los principios fundamentales de la Carta Magna: laicidad, republicanismo y democracia, principios que sustentan la convivencia en México. De su tiempo, ya que dejará el cargo en unos días, dijo enfática: “Nada legitima en mayor medida a una autoridad, que la defensa de los derechos de las personas. Nada le otorga más confianza ciudadana a un órgano que la defensa de sus derechos”, por eso, le dijo a Semméxico, “es el tiempo de los derechos o no tendremos futuro”. Aludiendo a los temas que ella resolvió en su actuación, Olga Sánchez Cordero, sin decirlo, se refirió a la reciente polémica sobre las características de los nuevos ministros que el Congreso de la Unión tendrá que definir en los próximos días, entre otras cosas para sustituirla, tal vez un hombre y una mujer y no dos mujeres, como lo solicitaron numerosas voces. Agradecida y luego de recibir una pieza de plata, única y con el magneto femenino rodeado de flores, advirtió que los principios Constitucionales no pueden estar al arbitrio de la votación: los derechos a la libertad de expresión, de creencia religiosa, de prensa, de asociación, son indiscutibles. Ella los defendió en casos tan trascendentes como la interrupción del embarazo, el respeto al debido proceso, como el caso de Florence Cassez, el de la libertad de expresión y el respeto al estado laico. En una alocución, casi literaria, desde una perspectiva de mujer, hablando del tiempo como un círculo, lleno de curvas y subidas y bajadas, explicó lo que le ha significado la responsabilidad de ser juez constitucional para garantizar un mínimo de homogeneidad política que, dijo, es condición indispensable para gobernar sin conflictos. En un hermoso espacio, el del edificio del Instituto Mexicano por la Justicia se hubiera pensado que la ministra habló filosóficamente. No, ella simplemente planteó y perfiló las características que el cuerpo colegiado de la Suprema Corte de Justicia debe mantener, luego de escuchar los más cálidos elogios a su actuación de un puñado de mujeres variopintas que le rindieron un homenaje y que convocadas por la magistrada María del Carmen Alanís Figueroa, reconocieron su compromiso con los derechos de las mujeres. Así como enfrentó, con sus ponencias, algunos de los conflictos sociales que podrían avasallar a la Constitución. En tiempos que ella misma calificó como complejos e interesantes. Donde había que actuar con alta responsabilidad social, política, jurídica, profesional y personal. Su misión principal la sintetizó: “conservar la confianza en la recíproca lealtad a la Constitución de gobernantes y gobernados” es el deber del juez constitucional, para garantizar que las minorías acepten como legítimas las decisiones de la mayoría, siempre aludiendo a algunos conflictos como el del aborto, donde se intenta anteponer a todos una postura individual, como la de las iglesias. Los asuntos de conflicto constitucional confesó no pueden verse fríamente porque “el derecho que se hace, depende del dolor con que se mira al mundo”, una juez constitucional se mide por la manera de mirar los problemas, por el enfoque, por la perspectiva que de sí misma y de los problemas se tiene. Las oradoras, ocho en total hablaron de todas sus virtudes y su personalidad como inspiradora del derecho que asiste a las mujeres. La audiencia estuvo nutrida por mujeres de todas las presencias, profesionales, periodistas, políticas, dirigentes, representantes internacionales.
Hablaron de ella con ella Prácticamente todas las voceras de este homenaje hablaron de su biografía: la primera notaria del Distrito federal; una activa promotora para la introducción de la visión de género en el poder judicial; su capacidad en el análisis constitucional para respetar el derecho a la libre opción sexual y el acceso a la interrupción legal al embarazo, su destacada actuación para rescatar o reparar los derechos violados y, especialmente, su irrestricta actuación para asegurar el debido proceso en casos judiciales, de presos y torturados, de mujeres encarceladas por falsas y abusivas acusaciones e indígenas avasalladas. La magistrada Alanís destacó su papel en la defensa de los derechos humanos en general y de las mujeres en particular; cómo contribuyó en estas dos décadas a derribar obstáculos para que las mujeres tuvieran acceso a la justicia. Su evidente y valerosa decisión de ser aliada de las mujeres. Ivonne Ortega, ex gobernadora de Yucatán y diputada federal tuvo la intervención más conmovedora. Sin leer y llana, habló de cómo la Ministra motivó y dio fuerza a las mujeres. Ella, Ivonne Ortega, abogada y de muy pocos años, habló de la fuerza del corazón para hacer justicia. Lorena Cruz Sánchez, presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres describió como puede interpretarse su labor, donde entregó alma y corazón, reconoció en ella su capacidad y su fuerza y la definió como aliada de la libertad de las mujeres. La procuradora general de la República, Arely Gómez González la definió como “una mujer inconmensurable que ha contribuido a hacer de éste un país más justo”. Ana Güezmes, representante en México de ONU Mujeres, la explicó como mujer singular que convoca, que abrió puertas y ventanas a los derechos. En una profusa intervención feminista habló de sus horas sin dormir, de su trabajo comprometido para elaborar estándares internacionales de justicia y elaborar sentencias emblemáticas que han dado a México presencia internacional. También hablaron la senadora panista Pilar Ortega y la diputada Lía Limón, rematando con una intervención muy afortunada la senadora Angélica de la Peña quien en forma sintética definió lo que la ha hecho emblemática y comprometida: su gran calidez, pero su decidido afán de justicia. En el país de la impunidad, de los juicios equivocados e injustos, mencionó su empeño en el debido proceso, en los casos de las indígenas Alberta y Teresa sentenciadas injustamente rescatadas por la ponencia de la ministra y el rescate de Florence Cassez que había creado un conflicto entre México y Francia y su defensa constitucional de la interrupción legal del embarazo. Arrancó aplausos. Y ella le entregó ese magneto femenino de plata, obra de Delia González, que representa la fuerza del corazón. El acorde, que dice el filólogo Grijelmo, que viene del acuerdo, del saludo del corazón y de la acción en solidaridad. En la audiencia, mujeres de tiempo y hace tiempo muy reconocidas, como Ifigenia Martínez, Guadalupe Gómez Maganda, Kena Moreno, Teresa Rodríguez y Lolita Ayala, la senadora Martha Tagle, la demógrafa María de la Paz López, la abogada Catalina Tapia, la activista por la paridad Clara Scherer, la ex presidenta de Inmujeres, Patricia Espinosa, la ex diputada Elena Tapia, la activista Cristina Renaud, la académica Adriana Ortiz Ortega, la consejera electoral Adriana Fabela, la magistrada Gabriela Villafuerte, la dirigente Claudia Castillo y muchas otras de todos los signos y actividades, juezas, diputadas, funcionarias públicas varias decenas de jóvenes mujeres y hombres. Luego vino la fiesta. La ministra Olga Sánchez Cordero convivió, disfrutó y como es bien conocida, dejó correr alegría y optimismo. Dijo que se reintegra como notaria y ahí muchas personas le recomendaron continuar, estar, atestiguar y aconsejar. Sus libros y sus escritos serán siempre referencia obligada.
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