¡Crónicas del T´nab! Por Eudaldo Chávez Molina Ante el estruendoso fracaso del programa Cruzada contra el Hambre, surgió oficialmente la metamorfosis del programa conocido como Oportunidades para cambiar de nombre, ahora se llama Prospera. Sin duda alguna que es un programa completamente electorero, que se ha puesto en marcha, en vísperas del proceso electoral del 2015, con una afiliación masiva de la pobreza. Son cambios obligados, ante el fracaso de programas sociales ineficaces, en donde México es un país que debería de sentir vergüenza, porque la mitad de su población sufre de la extrema pobreza, y es claro que ya no se debe seguir por la ruta de la demagogia, frente a un problema tan grave. Es una verdadera irresponsabilidad continuar maquillando la realidad, con el simple cambio de nombres a los programas que no han dado resultados, y que solamente alimentan la corrupción, porque es robo de dinero a los más pobres, a quienes se les da solo migajas, que consideran como clientes electorales a los priístas, pero que obligan a los opositores a cambiar de partido y de ensayar loas al espurio Enrique Peña Nieto. Es el voto de los pobres a cambio de migajas y mendrugos de pan de los programas sociales ineficaces, que no dan los resultados que se prometen, de nada sirve presentar con fanfarrias y grandes escenarios, que al final se convierten en programas electoreros. Ya no se puede conceder ni el derecho de la duda a un sistema que derrocha millones, sin que disminuya el número de pobres, en una nación que debería tener vergüenza, porque la mitad del pueblo sufre de hambre, un flagelo ancestral del sistema. La Secretaría de Desarrollo Social, que es una plataforma más electoral, que de asistencia social, ya publicó el decreto por medio del cual se lanzó en forma oficial la Coordinación Nacional de Prospera, que pretende ser, como siempre, un programa de asistencia social, pero que al final de cuentas, es otra más de las estrategias para la manipulación del voto ciudadano. Se dice que tiene el objetivo de proponer estrategias y acciones para mejorar la educación, la salud, la alimentación, la generación de ingresos y el acceso a los derechos sociales, todo un manojo de mentiras. Para empezar, la educación está por los suelos, las reformas muy cuestionadas han creado un movimiento social que crece cada día, y que ha venido a fortalecer la indignación del pueblo con la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas, los mismos que ya se dan por ejecutados en este régimen de represión fascista. Con el anterior programa, llamado Oportunidades se plantearon los mismos objetivos, y creció la población en situación de pobreza extrema, es decir, no cumplió con sus objetivos, y ante el fracaso de la Cruzada contra el Hambre, ahora surge el ingenioso programa Prospera, que será otro fracaso de este mal gobierno. A raíz del lanzamiento de Prospera, empezó a llamar la atención su virtual uso político y electorero, pues lleva implícito un amplio riesgo de manipulación de recursos. Los partidos que no tienen el presupuesto, ni los programas a sus pies, que sí los tiene el partido en el retorno en el poder, se preocupan y ocupan por el cambio de nombre de los programas con tintes políticos y el mal uso de los mismos. Oportunidades cambió solamente de nombre a Prospera, en el preludio de un proceso electoral histórico, y enturbiado a la vez por la imposición de los consejeros electorales de cada Estado, bajo la batuta de los gobiernos estatales, que ellos sí tuvieron las oportunidades de imponer a su servidumbre con la consigna de manipular la elección del 2015. Como antecedentes de estos vicios, existen evidencias del uso electoral de programas sociales por parte de gobiernos priistas, por lo que el 2013, algunos partidos declararon la alerta democrática, que se tendrá que reactivar desde ahora, para tratar de impedir el mal uso de estos programas que nacen con los estigmas e intereses del partido en el poder. A escasos meses de las elecciones del 2015, nadie se traga la píldora de que este cambio no lleva alto riesgo de manipulación y desvío de recursos para favorecer a los candidatos del gobierno en turno, lo que vicia de origen los comicios del año entrante. Los partidos que participarán en las elecciones llegan en franca desventaja, porque no cuentan con el presupuesto, ni los programas que están al servicio de los candidatos, por lo que, pese a las reformas en este rubro, el proceso electoral es inequitativo. Baste recordar que el cambio de nombre de IFE a INE, que tenía la pretensión, más no la voluntad política de dar certeza y confianza a los ciudadanos, resultó todo lo contrario, pues al final de la simulación del concurso, los partidos afines al gobierno terminaron imponiendo a sus incondicionales en el Consejo General del órgano público electoral, lo que fue un fiasco que vino a echar por tierra, que nada ha cambiado, solamente las siglas. Con estas incongruencias, se alienta de nueva cuenta el fraude electoral, y los partidos beneficiados, en vez de sentenciar de un solo golpe, continúan soltando la cantaleta del beneficio de la duda. ¿Cuántas dudas nos han dejado los fraudes electorales que aún no se olvida el más sonado, el del 97?
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