A 700 metros de profundidad están los cuerpos de 65 obreros, sobre ella el olvido/Son 10 años de un crimen que ocultó la impunidad Por Soledad Jarquín Edgar SemMéxico CIUDAD DE MEXICO, D.F. 19 de febrero del 2016.- Todo tembló la madrugada del 19 de febrero de 2006, las sirenas ulularon, la gente corrió hacia la mina, de inmediato la zona fue acordonada, el Ejército ya estaba en el lugar, nadie pudo pasar. Debajo de la tierra, aquella fría madrugada, los túneles de la mina número ocho en el ejido Pasta de Conchos, en San Juan de Sabinas, Coahuila, habían colapsado. Un desastre anunciado, en el recuerdo de sus familias están las palabras de Fermín, Gil, Feliciano, Margarito, Guillermo, Raúl y Reyes que ya les habían contado sobre las malas condiciones en que estaba Pasta de Conchos. Las investigaciones revelarían después que la causa de aquella funesta explosión fue la mala combinación de gas metano y falta de ventilación. Una sola ventilación a lo largo de dos kilómetros. El saldo, 65 mineros quedaron atrapados, eran vecinos de Nueva Rosita, y de otras localidades cercanas de la zona carbonífera. Los gritos de justicia se fueron silenciando. Son 10 años desde aquella tragedia que sigue impune. Salvo dos casos, el resto de los cuerpos no fueron rescatados nunca y las viudas, sus hijos e hijas no tuvieron tumbas en donde llorar, como decía una de las viudas en 2006. El obispo de Saltillo, Raúl Vera López, fue de las pocas personas que no quitaron el dedo del renglón y hoy siguen acusando a las autoridades del estado, entonces gobernado por Humberto Moreira, y a los concesionarios como los directos responsables al Grupo México, además de los funcionarios corruptos que se prestaron a no reportar las anomalías encontradas, personal de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social, “firmaban y se iban”, señalan mineros sobrevivientes. Elvira Martínez Espinoza, cuyo esposo, Jorge Vladimir Muñoz Delgado, murió junto a otras 64 víctimas dentro de la mina de carbón Pasta de Conchos, fue otra de las protagonistas de aquella tragedia. Nunca aceptó la indemnización de 750 mil pesos. Nada, era apenas el 4.4 por ciento del total de las utilidades obtenidas por el Grupo México en 2005, cifra que alcanzó los mil 100 millones de pesos. Sólo un año antes, en 2004, la misma empresa obtuvo utilidades cercanas a los 700 millones de pesos. Como otras madres, esposas, hermanas e hijos, Elvira Martínez se sintió sola desde el primer momento, al cabo del tiempo las dejaron solas. Claudia Escobar Pacheco fue de las últimas mujeres que se separó de a alambrada que rodeaba la mina, durante largos días y noches, mientras las mantas eran desgarradas por el viento, esperó el cuerpo de Raúl su esposo. Pero esperó en vano noticias y que le entregaran su cuerpo. Nada, nunca tuvieron nada. Se quedaron ahí a 700 metros de profundidad, cuando la explosión sorprendió a los mineros que laboraban en el segundo turno. Un total de 65 viudas y 165 huérfanos y huérfanas, familias que fueron tocadas por la tragedia y cuya vida cambió desde entonces, una historia que se ha repetido innumerables veces, como se ha documentado y como quedó plasmado en el documental Las Viudas del Carbón que documentó la periodista Sara Lovera. Ellas, las viudas del carbón, tenían información sobre lo que ahí sucedía. El testimonio de Tomacita Martínez lo confirma. Su esposo quien murió en la mina Pasta de Conchos le había comentado unas noches antes que había mucho gas. Maribel Rico también recordó hace 10 años que su hermano Gil, otro de los que murieron atrapados, tenía 20 años en este oficio de rascarle a la tierra para sacar carbón. Ella, conocía bien el trabajo por su hermano y por su padre, quien también fue minero en su tiempo, la historia era la misma, poco sueldo por un trabajo riesgoso, sabían bien que entraban pero no si saldrían. Pese al dolor de las familias, nada cambia. Después de Pasta de Conchos otras explosiones han ocurrido en la zona carbonífera de Coahuila, más muertos, más viudas, más huérfanos y huérfanas. La tierra de Pasta de Conchos se tragó a los mineros aquella madrugada del 19 de febrero de 2006. Sobre la tierra se quedó la tragedia que provocan la impunidad y el olvido.
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