Bertha Ramírez da su testimonio doloroso sobre el asesinato de su hijo, Julio César Nava Ramírez, estudiante de la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa, Guerrero, entre el 26 y el 27 de septiembre. “Nos quieren comprar, pero nuestros hijos no tienen precio”, destaca la madre originaria de Tixtla, Guerrero, un pueblo sitiado por militares y policías. Por Ronny Aguilar CAMPECHE, Cam. 26 de junio.- “Fue el estado, que no les quede la menor duda, de eso yo estoy segura”, dice Bertha Ramírez, madre de Julio César Nava Ramírez, normalista rural de la escuela “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Guerrero, acribillado entre el 26 y el 27 de septiembre en Iguala, Guerrero. Hace unos días, los padres de Julio Cesar Nava, Bertha Ramírez y Tomás Nava, en compañía de Cristina Bautista, madre de uno de los desaparecidos, y Omar García, vocero nacional de los normalistas de Ayotzinapa, vinieron al estado de Campeche y visitaron cinco municipios, en donde compartieron anécdotas de su lucha. Fuera del discurso bien cimentado y construido del abstencionismo y de acabar con las estructuras y el sistema de gobierno partidista, escuchar lo que ellos llaman su “verdad”, es muy doloroso, habla de la realidad que se vive en México y la batalla, antes del pasado 26 de septiembre y después, de una realidad que el gobierno oculta para mantener enajenado a un pueblo hipnotizado por la televisión. “Al gobierno lo que le interesa es tapar el sol con un dedo y no lo va a lograr, venimos narrando lo que sucedió y no lo que Peña Nieto trata de decir”, así comienza Bertha Ramírez. Hoy se cumplen nueve meses de que mataron a su hijo y cuenta lo que sucede, llora, se enoja y recompone, se pierde en sus palabras, tiene mucho que decir y las emociones la rebasan, aún no está acostumbrada a esto, nunca pensó en la lucha social como ahora. Cuenta que el pasado día 26 de septiembre, para amanecer 27, “los muchachitos fueron a hacer una actividad a la ciudad de Chilpancingo, es algo que ellos tienen que hacer, son parte de sus actividades, fueron a botear y a tomar autobuses para trasladarse a la ciudad de México, no pudieron hacerlo ahí, se los prohibieron los policías estatales y municipales, los muchachitos se trasladaron a otros lugares, pero ahí fue donde el gobierno empezó a monitorear los camiones de estos jóvenes”. “Nosotros nos preguntamos ¿Por qué no fue en Chilpancingo donde los agarraron y los privaron de su libertad? Porque hay mucha gente buena ahí, hay mucha gente noble que quiere a estos muchachos, porque saben que trabajan para todos, no nada más para ellos, lo que hacen no es para ellos, sino para ir a las comunidades más apartadas”, expresa. Señala que después de esto, el acoso policiaco fue avanzando, les cerraban el paso, los seguían y al único lugar al que pudieron llegar fue Iguala, y fue en este lugar donde comenzó la tragedia que consterno a México y puso los ojos del mundo en el gobierno de nuestro país. “Ahí fue donde cometieron su atrocidad, fue el Estado, se los digo señores, que quede bien claro, no fueron maleantes, no fueron asesinos, como ellos dicen, que fueron narcos, eso no es verdad, fueron ellos, que no los engañen señores, que no les mienta el gobierno, Peña Nieto es el que manda a callarnos a todos, pero no va a poder”, insiste. “La esposa del presidente narco (de Iguala) ya había dado su discurso, ya había pasado todo eso que dicen en la tele, no se las cambien, dicen que ellos fueron a provocar, cuando ni siquiera pasaron por donde estaba dando su discurso esta desgraciada mujer, porque no hay palabras para decir lo que es, ella habló al cuartel militar de Iguala para masacrar a nuestros hijos, el que tiene hijos lo siente y también les debe de doler, no nada más los que parimos, los ajenos también duelen, ese día así sucedieron las cosas”, agrega. “Ellos venían de regreso, porque no podían tomar los camiones, ni pedir apoyo económico para ir a la ciudad de México y conmemorar el dos de octubre del 68, saben que ese día mataron a muchos alumnos y fue una masacre total, fue una masacre de Estado, igual que está y por eso damos la cara y vamos a seguirla dando”, abunda. “Ellos iban de salida de igual, por la terminal los empezaron a seguir las patrullas y los rafaguearon con cuernos de chivo, no sabemos quién fue, pero un desgraciado dijo: “Van Los Rojos en estos camiones, tengan cuidado porque llevan armas”, no, señores, ellos no cargan ni una piedra, lo que cargan son libretas y lápices y con eso no pueden matar a nadie, no se crean las mentiras y dejen de ver telenovelas en Televisa y Tv Azteca, eso no es todo en la vida, nos cierran los ojos para que veamos lo que a ellos les conviene, es tiempo de pelear por nuestra gente”, exhorta.
“Nos quieren comprar, pero nuestros hijos no tienen precio” La mujer manifiesta que es el mismo Estado el que secuestra a los jóvenes que sirven como repuesto de órganos, o para ser vendidos a otros países para mano de obra, o bien, son llevados a las sierras para la siembra de amapola y marihuana. Con lágrimas en los ojos, relata: “Yo no parí a mi hijo para que lo maten, era para que él cumpliera su ilusión de ser maestro y él lo hubiera llevado a cabo, tuvo el gusto de ser maestro, aun por dos meses, los rafaguearon y dejaron todos los asientos llenos de sangre, las ventanas y el camión agujereado de tanta bala, por qué la saña, si hay tanto asesino alrededor, por qué no pelean con ellos, y el salvajismo es contra estos alumnos, muchachos que están empezando a dar sus pasos, ellos querían ser maestros y dar clases en los más apartado de las comunidades”. “Ese día, mi hijo me habló a las 11:44 de la noche, ya iban a ser las 12 y me dijo que iba en busca de sus compañeros para ir a la escuela, porque le habían marcado por apoyo, ellos no se abandonan entre sí, son unidos, jamás dejan a uno, ese día a mi hijo le tocó llegar cuando ya estaba lleno y aún así apretado, lo más que pudo, se fue con ellos, le importaban sus compañeros y quería verlos bien, no que fueran masacrados, como él también lo fue”, añade. “Ese día me dijo que cómo estaba y mis hermanos, y me dijo que me cuidara mucho y yo le dije, si hijo, me iba a cuidar, lo que yo no sabía es que él ya no amanecería, que no despertaría nunca, yo seguía sintiendo vivo a mi hijo, me dio un coraje tremendo, si mi hijo se hubiese quedado y que estos desgraciados me lo mataron, hemos exigido a este pinche gobierno, que es lo que nos revienta, yo de saber, nunca hubiera votado por este gobierno, el pinche Peña da la orden para desaparecer a los jóvenes, ahora hasta nosotros somos peligroso para este señor”, indica. “Ese día yo salí a preguntar por mi hijo, creí que estaba con sus compañeros. Salí a los cuatro días, porque tuve un accidente y pregunté a dónde estaban todos, no nada más mi hijo, me dijeron que había un muchacho que nadie había podido reconocer, me decían, tal vez tú lo puedas reconocer o conozcas a la mamá, yo les di las señas de mi niño y pasé a la morgue y lo vi, tendidito a mi hijo en la plancha, lo vi tiradito ahí, yo hubiera querido que me dijera: mamá, ya llegaste, a los cuatro días, pero viniste por mí, yo no pude llegar a casa, me perdí en el camino, pero no dijo nada, ni siquiera abrió los ojos, no pude abrazarlo antes de que lo metieran a su cajita, esto es horrible para mí, ahora imaginen lo que sienten mis demás madres”, expone. “Dejaron a un muchacho en la cama, en coma, otro con la cara destrozada con una bala de goma, cuando su gobierno dice que esas balas no hacen nada, pues si pasa, han matado a niños y les han destrozado el cerebro a muchas personas, muchas cosas que su gobierno les dice que no pasa nada, sí pasan y ellos siguen vendiendo México a pedazos, al final, no les falta mucho para largarse de este país, senadores y diputados que tienen sentados, no lo van a pagar, pero nosotros sí, nosotros aquí de babosos patasrrajadas, nos dicen ellos, y sí somos, y somos indios a mucha honra, así somos y así seré, creen que porque tiene billetes en la bolsa, pero todos somos iguales, cuando nos morimos, no nos vamos al cielo todos, nos quedamos en el pozo, aquí es donde vemos nuestra suerte”, menciona. “El día que mataron a mi hijo, no tenía un peso, no sabía ni como enterrarlo y no sabía ni como darle a la gente con un vaso de café, no tenía dónde enterrarlo, la abuela de mi nieto me dijo que lo enterremos en la fosa de su familia y ahora ahí es donde está, porque hasta eso, el desgraciado presidente de Tixtla dijo que él se iba encargar de la fosa y no”, recuerda. “Después de los ocho días de rezo, me fui a la Normal, no me iba a quedar a llorarle a la tumba de mi hijo, no lo iba a llorar para siempre, ese dolor lo cargaré a cuestas el resto de vida y busqué a mis compañeros para pedirle a gentes como ustedes que nos apoyen y les pido apoyo para que no les pase lo mismo, es un dolor que no se puede soportar, a veces comemos, hay veces que no, pero no nos importa, queremos a nuestros 43 muchachitos y los queremos vivos, no como el desgraciado de (procurador Jesús) Murillo Karam, dice que nos los quiere entregar muertos y quemados”, comenta. “Señores, ellos viven, cuando un gobierno mata a alguien, lo mata y ya, a nosotros nos quieren dividir, nos quieren comprar con casas y terrenos, carros, hasta aviones nos quieren ofrecer, no queremos ni uno, ni dos millones, ellos no tienen precio y hay 43 butacas en la escuela esperándolos, varios de esos jóvenes eran padres de familia, y sus hijos preguntan por ellos”, puntualiza.
“Estado de sitio” en su propio pueblo Bertha Ramírez hace un sentido exhorto: “Dejen de creerle a su gobierno asesino, no queremos que les suceda lo mismo, no venimos a ocasionar problemas, ni divisiones entre ustedes, ahora resulta que nuestro Tixtla es nuestra propia cárcel, nos tienen rodeados de militares y policías estatales y federales, antimotines por todos lados, no podemos salir de nuestro Tixtla para exigir la justicia de nuestros muchachos, bajamos de los camiones para que los desgraciados policías nos manoseen a los muchachos y a las estudiantes, que son de escuelas rurales, doblamos las manos, pero arrieros somos y en el camino andamos”. Critica el trabajo de las autoridades y destaca que mientras ellos trabajan el campo, Peña y su “bola de huevones” se compran aviones de millones, de miles de millones y casa de millones de pesos, porque hace mucho que el gobierno dejó de trabajar para el pueblo de México y el pueblo empezó a trabajar solo para mantener los privilegios de quienes se encuentran en el poder político del país, que además se encuentra coludido con el narco. “Resulta que la (Secretaría de) Marina esta atrás de nosotros, véanos compañeros, somos bien peligrosos, no traemos armas ni nada, pero traemos nuestras palabras y nuestra boca, y eso es a lo que más le temen, saben que con eso no se puede combatir, yo se lo he dicho que solo matándonos nos callarán la boca como padres, pero atrás de nosotros, vienen muchos más que lo están sabiendo y que le van a gritar sus verdades, que les van a decir asesinos y huevones”, advierte. “Con el coraje y con el dolor, me levanté y no paramos y si en ello se me va la vida, con gusto lo aceptamos, pero que no digan que ésta murió arrodillada, pidiéndole algo al gobierno, prefiero morir, pero de píe y con orgullo”, finaliza.
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