Por Héctor Malavé Gamboa
El poder es control, tiranía y dominio desproporcionado es su fin, aun cuando produzca saberes. El saber es lo contrario, aun cuando produzca todos los poderes, dominaciones y potestades. La clave se encuentra en el proceso del sentido de la vida, de la indagación y en la experimentación formal, espíritu de la ilustración, se encuentra maliciosamente extraviado.
La política no necesariamente es poder, es por excelencia el estudio de las relaciones humanas, la demostración de los hechos y convencer por medio de la razón, finalmente se trata de una ciencia. El poder político es el que construye esa dominación, usando de manera instrumental las relaciones humanas. La administración, en cierto sentido, es el método de dominación del poder de una clase sobre otra.
El hombre no puede vivir sin los demás y el significado de su existencia es su comparación con los demás hombres. Puede prescindir del poder, pero no de los hombres, sí huye al ejercicio del control de otros hombres, cae sometido a las leyes naturales. Como dijo Blas Pascal en sus célebres Meditaciones, “es una caña pensante”, “una gota de agua lo puede matar”, “conoce su finitud, no así las otras especies, lo cual lo distingue”. La ilustración no sólo es duda, sino indagación de respuestas. Uno de los rasgos de la alienación contemporánea es la inhibición del sentimiento de búsqueda, exploración y el senderismo laico de Marco Polo que motivó a Cristóbal Colón.
Durante los gobiernos modelos de Pericles en Atenas, Augusto en el Imperio Romano, Carlo Magno en Constantinopla, la familia Medici en Florencia, Alemania de Federico II, el poder político tuvo momentos excepcionales para estimular la creación y el conocimiento, pero siempre en periodos especiales; los servicios del conocimiento al poder son muy diversos. En el caso de Pericles, la participación democrática y la lucha por mantener una forma autónoma de gobierno estimularon el método inquisitivo por la trampa sofista. En muchos casos, como mero pasatiempo de los gobernantes, tal vez como una necesidad de guerra, como Arquímedes, cuando defendió Siracusa de la invasión romana. Según la tradición, murió a manos de un legionario romano cuando escribía sus ecuaciones en la arena.
La biblioteca de Alejandría, durante la dinastía de ptolemaica en Egipto, reunió el más grande saber del mundo antiguo y lo protegió para promover el debate entre sabios, la conservación de las momias patrimonio egipcio no dudo que sea el pathos ritual de la erudición universal. Su legado fue la traducción de la biblia llamada septuaginta, porque fueron setenta sabios los que se dedicaron a traducirla, gracias al filósofo judío Aristóbulo, durante el reinado de Ptolomeo VI Filometor (181-145 a.c.), conservamos “la palabra”.
Durante la república romana, también hubo un despertar cultural, el aliento griego en Virgilio, Tácito y Cicerón legitimó la mitología romana sobre la base griega. En Cesar Augusto, después de la guerra civil y la cohesión de la pax augusta, hubo tiempo para las ciencias antiguas, finalmente la complejidad de creencias favoreció la política incluyente del Estado romano. El bienestar material, gracias al sometimiento de las provincias por la fuerza y la tolerancia, fue un vehículo de incorporación, estimuló despertares renacentistas.
Séneca el estoico murió a manos de su discípulo Nerón, por intrigas palaciegas muy comunes durante el primer siglo del Imperio. Los filósofos fueron expulsados por sus ideas republicanas. “Soy escéptico del poder de un hombre, es preferible las intrigas senatoriales y una mala república, a una generosa tiranía”. Nerón fue mal poeta y peor gobernante. Absurdo del político querer imitar al sabio, quizá del sabio, igual de absurdo, querer imitar al político. Durante el encuentro entre Napoleón y el Zar Alejandro de todas las rusias, alguien dijo a propósito de la rendición de Alejandro: “Ahí un gobernante civilizado que gobierna sobre bárbaros”, Talleyrand, padre de la diplomacia moderna, ironizó el encuentro: “en Francia es lo contrario”.
Carlo Magno, en Aquisgrán, al final de su gobierno, estimuló el estudio y se interesó por preguntas fundamentales para la filosofía política. ¿Cuál es finalmente el sentido de un reino? La ciencia le presta diversos y variados servicios al poder, como cuestionarlo.
En teoría el poder, no aspira a ser reducido por el saber, sino fortalecido, eso le reclama el político al sabio. Muchos gobernantes se rodearon de filósofos y hasta de magos, como consejeros para tomar decisiones de Estado. El matemático John Dee fue el primero en elaborar el término de imperio británico para la reina Isabel. Estaba seguro del elemento civilizatorio inglés en América. Los pocos hombres cultos de la antigüedad sirvieron como consejeros en la dirección política, muy pocas veces escuchados desde luego y omitidas sus excentricidades. ¿Acaso la inquisición no perdonó las excentricidades de Caravaggio? El mejor propagandista de la contrarreforma católica. El saber incomoda y tensa al poder, porque exige concentración y complejidad, el sujeto pueblo es más bien delicado, pero al final de cuentas, simple y dogmático.
¿Las condiciones del arte y las ciencias no son posibles, si no existe un gobierno represor que garantice la apertura? Los sabios y consejeros de las cortes fueron ejecutados por los reyes más comprensivos, porque las razones de Estado contradicen los principios filosóficos de los científicos. Tomás Moro perdió la cabeza por no legitimar el matrimonio de su amigo el rey Enrique IV, de Inglaterra, en tanto, le sirvió al tirano para inflamar su utopía monárquica.
La historia política y en un determinado momento el gobierno, han dejado florecer las ciencias y las artes, pero no ha sido suficiente para la consolidación de una revolución cultural que deje atrás el sentimiento de dominio sobre el sentimiento de liberación del dominio. Si somos más concretos, el triunfo del método filosófico para alcanzar la verdad sin persecución política, por temor a que estos métodos pongan en riesgo la ciudad, como el conocido caso de Galileo.
Entonces, la gran participación social de una revolución tiene como fin último, no librarse de la opresión política, sino aspirar a convertirse en un Es0tado inclinado para que sus habitantes puedan experimentar la vida completamente en su destino de búsqueda permanente. Una sociedad que no aspire a una revolución cultural y se quede en la mera aspiración a la revolución política y económica, retornará de nueva cuenta a la dictadura por razones de Estado.
La participación democrática de la sociedad, la tolerancia del rey, los recursos materiales, son tres condiciones para el florecimiento de una o varias escuelas, de una o varias pedagogías y de muchos pensamientos. Pero no es suficiente. El sabio es consciente de su limitación y su razón no tiene dueño. Giordano Bruno llegando de una fiesta ebrio, a la cual fue invitado por el tirano en turno, fue reprochado por el dueño de su habitación: “Me parece que amas demasiado los placeres para ser un filósofo”, Giordano increpó: “ama, ama cuanto puedas, vive cuanto puedas, y quiere a quien te quiera”. El tabernero le dijo: “es muy cómoda su filosofía”. “La filosofía nunca es cómoda señor, requiere de un gran esfuerzo. El filósofo, aunque no posea nada, es dueño de su propio destino”, sentenció.
Por lo que no hay nada más riesgoso para el poder político que estar en posición de un método para saber el funcionamiento de leyes concretas del poder, pero más todavía, restarle importancia al sentido del gobierno y el control. Ignorar al príncipe y buscar el principio de la verdad por medio de la investigación, el pensamiento puro y la experiencia de la vida.
La ciencia está entonces vinculada a los procesos sociales sin duda. La cultura y las ciencias, además de su desarrollo, son precedidas por una gran participación social y un gobernante sensible a la búsqueda de la verdad de acuerdo. Pero cuando la política se convierte, no en un asunto de poder como fin último, sino como una sociedad de gente pensante e inquisitiva, es finalmente cuando el habitante de la República de Platón se convierte en ciudadano.
El verdadero saber especulativo o práctico no tiene una determinante ideológica, un programa, es guiado por la aventura y la ruptura de modelos, cierto. El contenido del arte y desarrollo del saber es delirio febril en el sujeto. Si el modelo científico y la escuela pública olvidaron su proyecto emancipador para ser un instrumento político de más dominación de las colonias, Alexander Von Humboldt, aun con todo su pietismo prusiano, padre de la geografía moderna, también demostró hegelianamente que la liberación de los esclavos en América era un proyecto filosófico kantiano.