LocalAgravio a pueblos originarios, Quinto Centenario de “Alito”

Paginabierta22/03/2017

“No fue un encuentro amistoso, una relación de vecindad o una relación entre pares, sino estuvo caracterizado por las luchas, el poder, la sangre y la colonización”, que sólo benefició a los grupos blancos sobre los indígenas, señala el investigador Ubaldo Dzib Can.

Por Ronny Aguilar

CAMPECHE, Cam. 22 de marzo del 2017.- Más que un encuentro entre dos culturas, fue una conquista que se ha transformado a lo largo de los últimos 500 años en sometimiento a los pueblos indígenas, y no ha cambiado mucho la situación, porque continúan las mismas clases dominantes sobre nuestros pueblos originarios.

En entrevista con Paginabierta.mx, el doctor en Ciencias Sociales, Ubaldo Dzib Can, platica un poco de la visión que tiene acerca de esta celebración que Alejandro Moreno Cárdenas osó denominar Quinto Centenario del Encuentro entre Dos Culturas.

En primera instancia, justamente sobre este sobrenombre que Moreno Cárdenas le ha puesto a la invasión y conquista española sobre el territorio nacional, el investigador y catedrático señala: “Me parece que la palabra encuentro es un término eufemista, para decir de manera suave o más correctamente, ocultar las verdaderas relaciones que se establecieron entre los pueblos nativos y los colonizadores, no fue un encuentro amistoso, no fue una relación de vecindad, no fue una relación entre pares, fue un encuentro caracterizado por las luchas, el poder, la sangre, la colonización”.

“Los colonizadores vinieron por las riquezas, las tierras, las vidas y los trabajos de los grupos nativos, eso lo demuestra la historia y hay reminiscencias actuales en el sentido de las formas de vida prevaleciente de los grupos indígenas, que constituye el segmento social más excluido de muchos o todos los rubros que uno pueda pensar, el educativo, salud, económico, derechos, viven a la zaga del resto de la sociedad, no podemos decir… es un agravio decir que fue un encuentro”, puntualiza.

Justifica que “más que un encuentro, fue una relación de dominación, cuyo resultado lo tenemos a la vista”.

Sin embargo, expresa que el evento de los políticos campechanos se da la bajo la concepción y la óptica de los que hoy gobiernan, es así como se percibe, debido, entre otras cosas, a que son la prolongación hereditaria de aquellos conquistadores y fundadores del estado.

“Es entendible que el evento oficial conmemore esta fecha y de un discurso de los benéficos de la colonización, es entendible que los grupos sociales que gobiernan los rincones del país, son los herederos de los primeros grupos que vinieron a colonizar, los eventos, los discursos y la valoración del mundo que expresan y las valoraciones que tiene con ese evento, están estrechamente relacionados con su condición hereditaria, histórica y social, pero no representan la otra parte, la visión de los excluidos y mucho menos del resto de la población, que fue producto de esta colonización, los mestizos, tenemos que entender que el discurso oficial y los rituales de gobierno solamente representa la visión del mundo del grupo que domina”, explica.

“Las etapas de la historia han ido cambiando, ya no podemos hablar de conquista, sino de una dominación pura y simple, que se expresa en términos de exclusión económica, exclusión política y social, pero la prueba más concluyente es que el segmento más excluido es el indígena, es un agravio celebrar una fecha que vino a quitarles las tierras, el control de los recursos, a desestructurarles su forma de vida, sus creencias, su religión y a tenerlos arrinconados, a los márgenes de la sociedad mayor”, subraya.

Detalla que los de hoy, son herederos no necesariamente directos, ya que las familias se reciclan, pero las conexiones, los valores, la visión de mundo y las reminiscencias étnicas corresponden al mismo grupo blanco que vino a la imposición de poder, a conquistar tierras, riquezas y la vida de la gente.

Falta una revolución étnica

Ubaldo Dzib recuerda que ha habido revoluciones sociales en el país que han servido para modificar las formas de gobierno, pero no ha habido, hasta este momento, una revolución étnica que pueda construir una paridad entre los diferentes grupos sociales, por el color de piel o por la lengua y es eso lo que nos falta.

Con respecto a estas políticas de estado, según su experiencia, es la forma en que se sobrepone un grupo político o étnico sobre nuestras comunidades.

“Es una forma de valoración que le asigna un mayor estatus a los grupos dominantes, en segundo lugar, refleja el lugar secundario que tienen en los símbolos y la identidad del estado, las producciones culturales indígenas, las representaciones del mundo, los valores, la cosmovisión indígena, la cultura, la lengua, el vestido, la relación de estos grupos con la naturaleza, son un plano secundario y son invisibilizados por el predominio y la predilección que siente la visión dominante para privilegiar un encuentro, donde los únicos que fueron privilegiados son los grupos blancos”, indica.

“En conclusión, me parece que los rituales de gobierno, lo que hacen es poner en segundo plano la cultura que todavía permanece arrinconada en los grupos indígenas, que aún viven y no solamente su cultura, su forma de vida y a los propios descendientes de carne y hueso, que tienen limitados accesos a la salud, al trabajo y la educación, así como aspectos de la vida moderna”, concluye.

 

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