DestacadosLocal#PrimeroLasMujeresLuegoLasParedes: Las Restauradoras con Glitter.

Ronny Aguilar15/03/2021

Por: Astrid Dzul Hori 

 

#PrimeroLasMujeresLuegoLasParedes: Las Restauradoras con Glitter

 

Aún recuerdo cuando, a la mañana siguiente de la manifestación del 16 de agosto de 2019, pasé en metrobús a un costado del Ángel. No podía creer lo que veía. Se me erizó la piel. Las pintas hechas al monumento atravesaron todos sus significados pasados y presentes. Era imposible no verlas. Esta transgresión al espacio público despertó la inquietud y la furia de muchxs mexicanxs. Removió afectos y opiniones, a favor y en contra. Y, de repente, las burbujas se reventaron y las personas salieron de su letargo cotidiano.

No lo niego: al principio, me sentí incómoda y contrariada. No podía creer que uno de los monumentos más emblemáticos de México estuviese rayado. Esos sentimientos encontrados no sólo los tenía yo (o tú), sino era un síntoma colectivo. Hoy, a dos años de las pintas del Ángel y del Hemiciclo a Juárez, muchas personas siguen sosteniendo su enojo e inconformidad ante estas prácticas, protagonizadas por los movimientos feministas. Este panorama es idóneo para cuestionarnos: ¿por qué te molesta/incomoda ver los monumentos rayados? ¿Qué representan para ti? ¿Cuál es la historia que te cuentan? ¿Por qué crees dicha historia?


En la columna anterior, comentaba que los movimientos feministas en México son la antesala de las manifestaciones y luchas contemporáneas de las mujeres; es decir, forman parte de un devenir histórico, no de acontecimientos aislados y repentinos. Hoy, hablaré sobre una colectiva que tuvo un papel fundamental tras las pintas realizadas a los monumentos: Las Restauradoras con Glitter. Es una colectiva independiente de mujeres especialistas en conservación y restauración del patrimonio cultural, que surge tras la manifestación en contra de las violencias hacia las mujeres, el 16 de agosto de 2019. Está integrado por más de 600 mujeres profesionistas, dedicadas al estudio, conservación y restauración de bienes culturales.

Ahora bien, ¿por qué son tan importantes? Por tres razones, principalmente. La primera: son el ejemplo de un gremio que se pronuncia en contra de las violencias de género, a partir de un activismo que involucra las herramientas teóricas y prácticas propias de sus respectivas profesiones. En una entrevista con la Revista AntiDogma, de la Universidad de la Comunicación, algunas de las integrantes de la colectiva afirmaron que están en desacuerdo con la destrucción o el daño de los monumentos. Sin embargo, son empáticas con el movimiento [1].

Esta empatía se tradujo en varios de sus posicionamientos y movilizaciones para tomar cartas en el asunto: 1) haciendo hincapié en que al gobierno de México le importa más un monumento que las vidas de las ciudadanas. 2) Que las pintas no representaron un daño al monumento, sino una alteración, “ya que el monumento no perdió ninguna de sus partes, en todo caso se le adicionaron tramos pictóricos que pueden ser removidos” [2]. 3) Enfatizaron en no llamarles pintas, sino denuncias. 4) En ese entendido, se movilizaron a la brevedad para solicitar al gobierno de la Ciudad de México que les permitiera documentar las denuncias plasmadas en el monumento, ya que constituyen “una demanda histórica de las mujeres que no debe ser borrada ni olvidada” [3]. 

Tales acciones se relacionan estrechamente con la segunda razón por la que su papel es de gran importancia: nos proponen nuevas formas de memoria colectiva. Al reconocer las pintas como denuncias (y no como meros rayones) posicionan al monumento como el vehículo de expresión de los movimientos feministas, que demandan justicia ante las violencias de género. En ese sentido, las denuncias en el Ángel articulan una postura política, no estética. Documentarlas implica tener un registro del hartazgo ante la impunidad por parte del gobierno y demás instituciones, así como “un recordatorio palpable de la condenable situación de violencia en nuestro país” [4]. Es una forma de tener fuentes para narrar otra versión de la historia oficial, porque ¿cómo se recordarán y narrarán estos acontecimientos en el futuro? Es muy importante la labor de documentación para visibilizar lo que acontece a las mujeres. Es sabido que, en la historia oficial, el papel de las mujeres queda al margen o a la sombra de Los Grandes Héroes. Hoy, podemos tomar las riendas de cómo se narrará esa historia, no permitiendo que los nombres de las víctimas de violencia y feminicidio, así como lo de las activistas sean borrados.

La tercera razón es que las Restauradoras con Glitter nos invitan a desacralizar los monumentos. Desde sus trincheras profesionales, fomentan la reflexión en torno al patrimonio cultural. Especialmente, nos interpelan con la pregunta de por qué vale más un monumento que la vida de una persona. En ese sentido, la apuesta es repensar lo que significan los monumentos para nosotrxs, por qué nos incomoda verlos rayados, qué aportan a la identidad mexicana, qué excluyen de la historia oficial y qué reivindican. Estas peguntas parten del entendido de que los monumentos materializan discursos, los cuales no sólo refieren a palabras, sino a imaginarios, representaciones y afectos en torno a algo. Por ejemplo, en el caso del Ángel, el discurso que materializa es el de la identidad mexicana fundamentada en el progreso, la justicia y la soberanía. Ante las violencias crecientes contra las mujeres, la transgresión a este monumento representa un desacuerdo colectivo a los valores que erige. Dichos valores no se ven reflejados en la práctica; se han tornado en una cultura que ignora y no reconoce las violencias en contra de sus ciudadanas, mujeres, adolescentes y niñas. En ese sentido, las denuncias plasmadas en el Ángel no son un acto vandálico, sino iconoclasia. En palabras de David Freedberg, la iconoclasia es una expresión social de ruptura con el poder político que se manifiesta a través de la destrucción de la imagen (esculturas, monumentos, etc.) que ya no representan los valores de origen (justicia, paz, libertad) [5].

“No era paz, era silencio”, reza una de las consignas. Cuando la violencia es el pan de cada día, se requieren medidas que retiren el velo de la ignorancia y ceguera de la gente. La acción de borrar es propia de la cultura mexicana: borras a los pueblos indígenas, personajes de la historia, a la oposición, los recursos naturales…Borrar es un acto que procura el olvido. En ese sentido, las acciones que llevaron a cabo las Restaurados con Glitter sientan un precedente para preservar fuentes con el fin de narrar la historia de nuevas formas, y no sólo conformarnos con la historia oficial. De igual manera, incitan a demás gremios a que desde su respectiva trinchera profesional se posiciones, y dispongan sus herramientas al servicio de la lucha en contra de la violencia y las injusticias. Que no sean solo profesiones de teoría, sino de práctica. 

Como mujeres y como feministas no hay que olvidar el peso político de estas denuncias en las paredes y monumentos. Si sostienes que estas movilizaciones no te representan entonces, ¿qué lo hace? ¿En qué se fundamenta? ¿Con qué estás comprometida? La escritura que ha servido para la lucha se ha extendido a las representaciones materiales que sostienen una identidad mexicana caduca. En ese tenor, nos toca tejer nuevos valores y principios que reconfiguren quiénes somos como nación (si es que tal cosa todavía es vigente) y como multiplicidad de sociedades que coexisten en el territorio.

Si bien las luchas feministas se gestaron durante el siglo pasado, hoy toca repensar nuestro presente, ser estratégicas en la lucha y procurar nuevas formas de memoria colectiva que les permitan a las generaciones por venir no olvidar los trazos y las formas que dejaron sus ancestras.

Referencias

[1] https://youtu.be/c28HNuPGzKo

[2] [3] [4] https://abarloventoinforma.com/2019/08/29/restauradoras-con-glitter/

[5] Freedberg, David. Iconoclasia: historia y psicología de la violencia contra las imágenes. Buenos Aires: Sans Soleil, 2017.

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