DestacadosLocalEntre líneas y grietas / Censura feminista, ¿síntoma de un fascismo moderno?

Ronny Aguilar30/11/2020

Columna Por: Astrid Dzul Hori

 

Censura feminista, ¿síntoma de un fascismo moderno?

Un amigo me preguntaba el otro día acerca de la relación entre la censura y el movimiento feminista, particularmente sobre una expresión entre lxs estudiantes: “me violó el examen”. Parte de su consternación era si podía o no hacer “bromas” de esta índole. De igual manera, se cuestionaba si “censurar” este tipo de expresiones por parte del movimiento feminista no se trataba de una práctica propia de un “fascismo moderno”.

Su consternación me pareció interesante, así como las palabras que usó para elaborar su idea: feminismo, fascismo y censura. La pregunta de si la censura feminista es una forma de fascismo moderno es retadora, no sólo porque resulta insensato contestar con rechazo o enojo sino porque es una oportunidad para reflexionar los propios principios por los que me reconozco feminista (y muchas otras colegas también), para esclarecer en la medida de lo posible los conceptos involucrados y su relación entre sí, y para invitar a lxs que se crucen con esta reflexión a que piensen el poder que tienen las palabras en contextos como la escuela, el trabajo, la familia, un grupo de amigxs, etc.

Antes de comenzar cualquier discusión, hay que definir los tres conceptos centrales de la pregunta: feminismo, fascismo y censura. De forma general, el feminismo es un movimiento político y social heterogéneo que busca la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, visibilizar las violencias y opresiones hacia las mujeres por parte de los sistemas y proyectos de tinte patriarcal que la mayoría de los hombres ejerce sobre estas y sobre grupos minoritarios o vulnerables, y progresar en el conocimiento a través de repensar las grandes ramas a partir de las cuales se estructuran los saberes hegemónicos. En tanto que heterogéneo, cabe recalcar que hay múltiples posturas dentro del feminismo; esto se debe a que se reconocen los problemas propios de las mujeres en sus posiciones localizadas, es decir, en sus respectivos contextos y experiencias; sin embargo, por muy diferentes que sean tienen un cauce común: que se visibilicen y reconozcan a las mujeres (y a otros sujetos, que también se encargan de pensar ciertas ramas del feminismo). En ese sentido, no hay un solo feminismo, sino varios, con diferencias teóricas y prácticas. De tal modo que, no se dialoga con El Feminismo sino con uno de los múltiples feminismos.

Por su parte, la censura es la ‘intervención que practica el censor en el contenido o en la forma de una obra, atendiendo a razones ideológicas, morales o políticas’. ​En un sentido amplio, se considera como supresión de material de comunicación que puede ser considerado ofensivo, dañino, inconveniente o innecesario para el gobierno o los medios de comunicación, según lo determinado por un censor [2]. La censura normalmente está ligada a una institución (gobierno, empresa, etc.) que busca establecer límites entre sus valores y las interpretaciones que se pueden realizar de ciertos temas, a través de los contenidos audiovisuales que se producen, en los discursos y en las expresiones cotidianas. Es decir, entre la censura y la ortodoxia se encuentra lo indeseable (lo que no debería de ser deseado por alguien). 

Por último, el fascismo se funda en Italia durante el mandato del dictador Benito Mussolini, después de la primera guerra mundial. El historiador y politólogo estadounidense Robert Owen Paxton lo define como “una forma de conducta política caracterizada por una preocupación obsesiva por la decadencia de la comunidad, su humillación o victimización y por cultos compensatorios de unidad, energía y pureza, en la que un partido con una base de masas de militantes nacionalistas comprometidos, trabajando en una colaboración incómoda pero eficaz con élites tradicionales, abandona las libertades democráticas y persigue con violencia redentora y sin limitaciones éticas o legales objetivos de limpieza interna y expansión exterior.” [1]. Aunada a esta definición, me gustaría proponer una guía de análisis desarrollada por el filólogo italino Umberto Eco en Contra el fascismo¸ una conferencia transcrita que impartió en Estados Unidos en 1995. Eco sostiene que, a diferencia del totalitarismo, que tiene un programa político bien establecido, el fascismo “se puede jugar de distintas maneras y el nombre del juego no cambia”. Dada esta cualidad, Eco expone catorce características que, aunque contradictorias entre sí y típicas de otras formas de despotismo y fanatismo, permiten identificar la presencia de un ur-fascismo o fascismo eterno, como lo denomina. 

  • El ur-fascismo rinde culto a la tradición. Los fascistas cuentan con textos fundacionales que contienen mensajes originales, es decir, donde la verdad ya ha sido anunciada. De tal modo que no puede avanzar el saber, sino que solo queda “seguir interpretando su oscuro mensaje”.
  • El tradicionalismo implica un rechazo de la modernidad.
  • El ur-fascismo sospecha del mundo intelectual. Tal sospecha deriva del irracionalismo, del que se desprende un culto a la acción por la acción, es decir, “actuar antes de y sin reflexión alguna”. Por eso “la cultura es sospechosa en la medida en que se la identifica con actitudes críticas”.
  • El desacuerdo es traición. En ese tenor, se rechaza el espíritu crítico y el desacuerdo como progreso del conocimiento.
  • El ur-fascismo crece y busca el consenso explotando y exacerbando el natural miedo a la diferencia, es decir, el ur-fascismo es racista.
  • Surge de las frustración individual o social.
  • En la raíz de la psicología ur-fascista está la obsesión por el complot, por lo que se apela a la xenofobia ligada a una identidad social nacionalista.
  • “Los seguidores deben sentirse humillados por la riqueza que ostentan los enemigos y por su fuerza […] Los fascismos están condenados a perder sus guerras, porque son de manera consustancial incapaces de valorar con objetividad la fuerza del enemigo.”
  • No hay lucha por la vida, sino más bien «vida para la lucha». El pacifismo es entonces colusión con el enemigo; el pacifismo es malo porque la vida es una guerra permanente.”
  • Predica un «elitismo popular». Es decir, cada ciudadano “pertenece al mejor pueblo del mundo, los miembros del partido son los ciudadanos mejores, cada ciudadano puede (o debería) convertirse en miembro del partido”. El líder conoce la debilidad de la masa, por lo que se erige como un dominador.
  • Cada ciudadano está educado para convertirse en un héroe que aspira a la muerte, recompensa por una vida heroica: “El héroe ur-fascista está impaciente por morir, y en su impaciencia […] consigue más a menudo que mueran los demás”.
  • El ur-fascista proyecta su voluntad de poder a cuestiones sexuales. Este es el origen del machismo (que implica desdén hacia las mujeres y una condena intolerante de las costumbres sexuales no conformistas, desde la castidad hasta la homosexualidad) […]. El héroe ur-fascista juega con las armas, que son su Ersatz fálico: sus juegos de guerra se deben a una invidia penis permanente.”
  • El ur-fascismo se basa en un «populismo cualitativo». Es decir, los individuos en cuanto tales no tienen derechos, sino que es el «pueblo» como entidad monolítica, la que expresa la voluntad común.
  • El ur-fascismo habla la «neolengua» (inventada por Orwell en su novela 1984). Se proveen de textos con un léxico pobre y una sintaxis muy básica, con el objetivo de limitar los instrumentos para el razonamiento complejo y crítico.

Teniendo en cuenta lo anterior, el movimiento feminista me parece, más bien, una respuesta al fascismo. Especialmente, porque el fascismo se sustenta en la muerte, la idolatría, el dominio y la violencia (es machista, en pocas palabras). El movimiento feminista promueve la vida; en ese sentido, las movilizaciones y las quemas de espacios públicos no están fundamentadas en el sacrificio de mujeres por el bien de otras mujeres, sino en visibilizar el descontento social, en remover la falsa idea de progreso. No se trata a las mujeres como un concepto monolítico, una noción general, sino que se visibilizan las historias, los nombres y los rostros de aquellas mujeres que fueron asesinadas y violentadas. Se nombran a las activistas y a las pensadoras. Se reconocen las identidades y las diferencias. 

Ojo. Mientras que para el fascismo la vida es para la lucha, en el feminismo se lucha para vivir. La idea de paz es relativa a los valores institucionales que la propagan. El movimiento feminista está en contra de disfrazar la violencia con paz; incluso, de decir que se está en paz cuando es solo una cualidad de unxs cuantos que gozan de los beneficios de la seguridad privada o de protección continua. Las movilizaciones reales y virtuales de las mujeres no son para luchar por el simple hecho de luchar, sino para dejar de ser un archivo traspapelado en alguna oficina, para que se tomen cartas en el asunto sobre ciertos temas que merman la calidad de vida de las mujeres en los respectivos lugares donde viven.

Las pensadoras feministas constantemente están repensando la tradición, es decir, la raíz de las múltiples ramas del conocimiento; en ese sentido, no hay verdad inamovible ni última que radique en la tradición del pensamiento. De igual manera, uno de los pilares más importantes es el cuestionamiento constantemente hacia la diferencia y la relación entre las distintas posiciones localizadas, por lo que la crítica está a la orden del día. Sí hay casos en los que las mujeres incurren en prácticas racistas y de exclusión; por ejemplo, al no considerar como sujetos de conocimiento a los sujetos trans, a las mujeres indígenas, a las mujeres afrodescendientes, a las mujeres asiáticas, a las niñas, a las adolescentes, etc. La exclusión es propia del sistema patriarcal, reproducida constantemente en la cultura machista, así que no sé cuál sería el posicionamiento feminista en esa forma de pensar. No todas las mujeres son feministas y aun siendo feministas pueden incurrir en actitudes fascistas. Eso siempre es posible. La tarea ahí es que se cuestione a dónde conduce eso: el feminismo no es un lugar al que se llega, sino que es un camino que constantemente hay que trabajar y cuidar.

Específicamente, en el caso de la censura, no considero que la producción escrita de las mujeres que se reconocen como feministas (e incluso las que no pero que comparten los fundamentos) sea una neolengua, no limita la reflexión, sino que la expande. Permite nombrar lo que antes no tenía nombre y poner al frente problemas que antes no eran considerados tales.

Hay que ser conscientes de que el lenguaje es múltiple y diverso, es decir, según sea el contexto es el sentido que toman ciertas palabras y ciertos argumentos. En ese tenor, no considero que señalar y enfatizar que no debemos usar la expresión “me violó un examen” sea censura, sino una petición de concientización y evaluación de las frases y palabras que se usan para expresar algo. Dentro de la cultura machista, la violación es motivo de burla y de comedia, de descrédito y de culpa, ya sea a hombres o a mujeres. La violación representa un triunfo sobre los cuerpos de quienes son sometidxs, ya que está estrechamente relacionada con la posesión, en donde se reduce a la persona a una cosa.

Para que ciertas palabras sean usadas o resignificadas en las dinámicas lingüísticas sociales y en los discursos que se entretejen todo el tiempo, es importante señalar las implicaciones que tienen ciertas palabras en la cotidianidad. Una vez que somos conscientes del poder que tienen las palabras para hacer y deshacer, entonces, su uso u omisión pueden ser más cuidadosos. ¿Qué implica que te viole un examen? ¿Vale la pena seguir analogando la violación con la dificultad de un examen? ¿Por qué hemos normalizado esa frase? Definitivamente podemos cambiarlo. El lenguaje es un reflejo de las capacidades de los seres humanos de enunciar o callar sus razones y sus emociones.

Por último, les invito a todxs a que se apoyen en estas herramientas teóricas para autoevaluarse y para evaluar su respectivo contexto, así como que analicen si estas son herramientas pertinentes para nuestro tiempo. Examinar constantemente los principios y las palabras con las que nos construimos es fundamental para ser conscientes de los compromisos que estamos sosteniendo en las diferentes esferas de nuestra vida.

Referencias bibliográficas.

[1] Paxton, Robert Owen. ¿Qué es el fascismo?, en Revista Contexto n° 219 (mayo 2019). https://ctxt.es/es/20190501/Politica/25668/Robert-Owen-Paxton-tribuna-lectura-anatomia-del-fascismo.htm

[2] https://es.wikipedia.org/wiki/Censura#cite_note-1

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