19 de Octubre

In Opinion
Ni una más

Por Arturo Moo Cahuich

Han transcurrido 19 años de esa brutal represión (19 de octubre 1997) ordenada por (José Antonio) Curi, para borrar toda huella de protesta ciudadana en su contra, por el fraude electoral que lo benefició con el cargo de “gobernador”. Esa noche, los antimotines usaron macanas, gases lacrimógenos, cometieron destrozos, desmanes, detenciones arbitrarias contra los pacíficos manifestantes que se instalaban a diario en la Plaza de la República. El sótano de palacio de gobierno se manchó de sangre de ciudadanos indignados, los hospitales dieron atención de emergencia y la iglesia Catedral cerró sus puertas a quienes buscaban refugio.

El odio concentrado de Curi estalló esa noche en los rostros y cuerpos, de mujeres, niños, jóvenes y adultos. Niños extraviados. Mujeres golpeadas. Falleció la menor Cinthia Caamal y los padres fueron amenazados por el gobierno para que no denunciarán el homicidio. Bien sabía Curi (El buey del cuarto piso, según la parodia musical) que una muerte resultaba impacto internacional y su espuria cabeza rodaría en palacio de gobierno, por ello ocultaron el cuerpo y a los padres.

Para la elección de gobernador de 1997, el PRI y el gobierno de Salomón Azar utilizaron bien al mapache electoral Raúl López Palacios (ahora fallecido) y luego Juan José Casanova Isaac, pariente del “Cuxo” Alfaro, se encargó de consumar el fraude, claro, en complicidad con todo el órgano electoral. Las boletas de gobernador, duplicadas unas y destruidas otras, firmas falsificadas, no fueron suficientes para invalidar la elección. Tampoco la perfección de las actas de Tenabo, hechas a máquina de escribir cuando éstas no se utilizan en las casillas. Palizada, con casillas que  superaron el 100%, inconcebible. Los pasillos secretos del órgano electoral fueron evidenciados. Las prisas por cambiar el triunfo de Layda Sansores los hizo cometer muchos errores y atrocidades, pero fueron solapados.

Hubo tanto material electoral que se instaló el Museo del Fraude, no solo en Campeche, sino en la Ciudad de México.

Lo que no imaginaron los corruptos, fue que la indignación ciudadana despertó del aletargamiento y miles de campechanos salieron a las calles a protestar por el fraude que benefició a Curi. El Circuito Baluartes, la avenida López Mateos, fueron rebasadas por miles de votantes indignados. Los medios nacionales consignaron más de 20 mil personas; 30 mil señaló uno. La marcha ciudadana fue comparada con hormigas que saben dónde van.

Resultó ser el parteaguas de la democracia y la indignación. Por ello tuvo mucha vida el campamento de la resistencia civil.

Nunca antes un Campeche elector se había inconformado por ver burlada su decisión. Los ciudadanos, sin temor a exhibir su rostro rechazaron el resultado que beneficiaba al PRI y Curi.

La Plaza de la República se convirtió en campamento permanente de protesta ciudadana. Cientos y miles de campechanos lanzaban consignas y parodias en contra del Ilegítimo, quien día a día concentraba odio y coraje contra los campechanos, más cuando le recordaban el origen de sus ancestros. Cuando Curi urdió la respuesta, lanzó su consigna oficial contra Layda y que estaba loca, pero el destino tan irónico y cruel le arrebató la etiqueta y la colocó en la frente del Espurio. El tiempo puso a cada quien en su sitio, irrefutable.

En las noches se concentraba el pueblo. Expresaba la indignación, pero también rezaba y sus oraciones y plegarias eran para que se rectificara el resultado. Ante fraude consumado, no cabe la corrección.

Nunca el gobierno midió que la protesta se prolongara por varios meses. Nadie estaba preparado para ello. El plantón permanente se volvió histórico. Los mecenas de víveres surgieron de inmediato. Unos a la luz del día donaban pescado, carnes, tortillas, panes, refrescos, etc. Otros, esperaban la penumbra de la noche para entregar su donativo. Pero las manos hacendosas de las mujeres estaban prestas para elaborar los alimentos de cientos de personas. Un orden y disciplina que impactaba.

El gobierno estatal no pudo competir contra la indignación. En un torpe arrebato, concentró a las lideresas de colonias y sus huestes, pero le resultó muy caro, porque tenían que pagar alimentos, traslados y jornal. Los rostros de aburrimiento y cansancio los hastió, y a los pocos días levantaron su cordón de seguridad al palacio de gobierno y entonces surgió la frase de Tony volquetes.

La noche del 19 de octubre, tampoco bastó para extinguir la protesta ciudadana. Pese a la represión de Curi, a las pocas horas los campechanos estaban nuevamente en pie de lucha. A 19 años de distancia no se ha borrado la huella.

Cuando el tiempo pasó y llegó otro gobernador, buscó sanar heridas, algo logró. Pero el Ilegítimo, espurio quedó. A tal grado, que después de tres años de haber dejado el cargo, todavía buscaba afanosamente que le reconocieran el triunfo que nunca obtuvo en las urnas.

Somera remembranza de un 19 de Octubre.

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